¡Siete horas de velorio sin ataúd! Holguín, la pena doble.

En Holguín, una familia vivió un calvario: la madre fallecida esperó siete horas por un ataúd. Un drama que muestra la escasez que afecta hasta la dignidad final.

Qué pasó

¡Atención, gente de Holguín! Agárrense fuerte, que la historia de hoy es de las que revuelven el buche. Imaginen el cuadro: una madre, ya en el descanso eterno, y su familia, con el corazón roto, esperando... ¡siete horas enteras por un bendito ataúd para poder enterrarla como Dios manda!

Esto no es un cuento, mi gente. La difunta, que en paz descanse, estaba ahí, en su propia cama, mientras los suyos se comían las uñas, viendo pasar las horas sin que apareciera el cajón. Un bochorno, una falta de respeto que duele en lo más hondo del alma cubana.

Dónde y cuándo

Este drama, que parece sacado de una película mala, ocurrió este mismísimo martes en Holguín. Para ser exactos, en la Calle Freire #48, entre Progreso y Luis de Feria. Allí, en la casa de la fallecida, se armó el plantón más triste y vergonzoso que uno pueda imaginar.

La hija, Gladis Pérez Aguilera, con el dolor a flor de piel, salió a las redes sociales a clamar ayuda. Un grito desesperado para que alguien, quien fuera, escuchara su angustia. El tiempo pasaba, y el ataúd, ni rastro.

Por qué importa

¿Y por qué nos importa tanto este cuento? Porque esto no es solo la historia de una familia. ¡Qué va! Es el reflejo de una realidad que nos está ahogando a todos. Si hasta para despedir a los nuestros hay que hacer un milagro, ¿qué nos queda?

Esta escasez de ataúdes no es un detalle menor; es un golpe directo a la dignidad. Demuestra cómo la crisis nos golpea hasta en los momentos más sagrados, transformando el luto en una agonía burocrática y fría.

Qué dicen las partes

La hija, Gladis, lo dejó bien claro en Facebook (fuente: CubitaNOW):

“Imagínense el dolor de perder a una madre… ahora imagínense si ni siquiera hay ataúd para darle santa sepultura”

Es el sentir del pueblo, el grito de quien ya no aguanta más.

Por ahora, el gobierno o las entidades responsables están mudos como estatuas. No hay una voz oficial que dé la cara o explique esta vergüenza. Mientras tanto, las redes sociales arden, con miles de cubanos pidiendo explicaciones y soluciones. Es la gente la que se hace eco del dolor.

Qué viene ahora

Ahora, lo que queda es esperar. Esperar que alguien, con un poco de conciencia, ponga los ojos en este desastre. Que la denuncia de Gladis no caiga en saco roto. Que esto sirva de patada para que las cosas cambien y ninguna familia tenga que pasar por un trago tan amargo.

La comunidad espera, con razón, respuestas urgentes. Porque si algo está claro, es que la dignidad, incluso en la muerte, es un derecho. Holguín está mirando, y el resto de Cuba, también. La historia de esta madre y su cajón es un recordatorio amargo de lo que no debe pasar.

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