¡Pobre paquete! Correos de Cuba, varao como cangrejo sin agua por la gasolina
La paquetería estatal en Cuba está en un aprieto: los envíos no llegan a las provincias porque no hay combustible. La gente se queja y la preocupación crece.
Qué pasó
Imagínate la cosa: tú esperando tu paquete de España, México o Alemania, con tus cositas o medicinas, y nada. Correos de Cuba tiene un tranque monumental, un embrollo que no hay quien lo desate. Los bultos están amontonados en los almacenes, sin poder moverse un centímetro. ¡Una agonía!
Los envíos ya están en la isla, pero como no hay combustible para los camiones y las guaguas, pues se quedan ahí, quietecitos. Es como tener la comida en la mesa y no poder comerla.
Dónde y cuándo
Esto está pasando ahora mismo, a lo largo y ancho del país. Los contenedores que deberían ir a provincias como Las Tunas, Camagüey u Holguín, se quedaron plantados en los centros de clasificación. No hay quien los mueva.
Es una situación que se arrastra desde hace un buen rato, pero cada día que pasa la cosa se pone más caliente. La gente está que no se aguanta más.
Por qué importa
Bueno, ¿y a quién le importa este lío? ¡A todo el que espera algo! Hay familias que dependen de esos envíos para sus medicinas, para el sustento, para sentirse un poquito más cerca de los suyos.
Es un golpe bajo para el bolsillo y, sobre todo, para la esperanza de muchos. La calidad de vida de la gente se resiente cuando algo tan básico como recibir un paquete se vuelve una odisea.
Qué dicen las partes
Correos de Cuba, pobrecitos, no tienen otra que decir la verdad. Públicamente reconocen que el déficit energético es el culpable de todo este desastre. La guagua no camina sin gasolina, y punto.
Mientras tanto, las MIPYMES de paquetería privada, esas que se buscan la vida, parece que se las arreglan un poquito mejor. Al menos, por ahora, han logrado mantener sus plazos de entrega, aunque andan con la mosca detrás de la oreja.
Qué viene ahora
La gente está con el corazón en la mano, mirando el calendario, a ver si suben los precios de los envíos o si la cosa se pone más fea aún. La incertidumbre es grande.
Nadie sabe cuándo se va a resolver esta escasez de combustible. Toca esperar a que el “oro negro” aparezca para que los paquetes puedan seguir su rumbo y llegar a su destino final. Mientras tanto, el bochinche sigue en la calle.