¡Ni un solo pasaje más! La Lanchita de Regla se quedó varada... ¡por culpa del petróleo!
La histórica Lanchita de Regla paró su servicio por falta de combustible. Los habaneros del este ahora tienen un problema gordo para moverse, evidenciando el colapso de servicios.
Qué pasó
Oye esto pa’ que te caigas de la silla: ¡la Lanchita de Regla, sí, esa que nos lleva y nos trae por la bahía como si fuera un taxi acuático, se plantó! ¿La razón? ¡Se le acabó la gasolina, la nafta, el petróleo, o como le quieras decir!
Así mismito fue. Un viernes cualquiera, pero este de febrero de 2026, la gente llegó al muelle con su bulto, su bicicleta, su pescadito, y ¿qué se encontraron? Un cartelito de esos de apuro, escrito a mano, que decía: "No hay lancha". ¡Puf! Como si se hubiera esfumado en el aire.
Dónde y cuándo
Esto no pasó en Pekín, mi gente, ni en la Luna. ¡Fue aquí, en nuestra propia Habana! En la bahía, esa misma que ve pasar los barcos grandes y también a nuestra lanchita. Precisamente, el muelle que une la Habana Vieja con la querida Regla.
El día, para que lo tengas clarito en la mente, fue este viernes 7 de febrero de 2026. Y mira que la bahía, dicen, se veía gris y fría. Como si el mismísimo mar supiera que algo importante, algo de nuestro día a día, se había ido a pique.
Por qué importa
Ahora, ¿por qué esto es un bochinche mayor? ¡Coño, porque no es solo una lancha! Es la vía que usa la gente del este para venir a resolver, para llevar el encargo, para cruzar la bahía sin dar una vuelta olímpica en guagua.
El transporte en la capital ya es un dolor de cabeza crónico. Con las gasolineras midiendo el combustible con cuenta gotas y hasta las oficinas estatales con la soga al cuello, que esta lancha pare es como que te quiten la última tabla en medio del diluvio. Es la vida de la gente, las comiditas, los mandados, ¡todo se complica!
Qué dicen las partes
Y bueno, ¿qué dicen los de arriba? Pues el cartelito de "No hay lancha" fue la única explicación oficial, ¡imagínate! Más claro ni el agua de coco, aunque esta vez fue de mar.
Pero la gente, esa sí que habla, esa sí que sufre y la suelta sin filtro. Un viajero que se quedó varado en el muelle, con su cara de pocos amigos, soltó la verdad como un bombazo: "Cada vez que pasa algo, pagamos nosotros las consecuencias". ¡Y tiene más razón que un santo!
Qué viene ahora
Entonces, ¿qué nos espera? Pues a seguir con el ojo pelao. Esta parada de la lanchita no es un hecho aislado, ¡qué va! Es un reflejo más, uno bien clarito, de cómo los servicios básicos se están yendo por el despeñadero, poquito a poco.
La pregunta del millón es: ¿cuándo volverá a navegar nuestra lanchita? ¿O se quedará allí, como un monumento a la escasez, hasta que el mar se seque? Solo el tiempo lo dirá, pero mientras, el pueblo es el que sigue pagando el pato de esta crisis energética que no da tregua.