¡Ay, mi madre! ¿Los Ómnibus se HUNDIERON en la Calle 100?
La terminal de camiones pa' Pinar del Río se volvió un "sálvese quien pueda". Cientos varados, ómnibus que no llegan. ¡El transporte en Cuba es un relajo de película!
Qué pasó
¡Ay, mi gente! Esto es pa’ sentarse y echar el cuento. La terminal de camiones que va de La Habana pa' Pinar del Río se convirtió el viernes pasado en una pura locura, ¡un caos que ni en la novela más dramática!
Cientos de cubanos quedaron varados, esperando por horas y horas un transporte que nunca apareció. Y pa' colmo, los ómnibus que ya tenían pasaje vendido, ¡puf!, desaparecieron del mapa sin un solo aviso. La gente se quedó en la mismísima calle 100, con cara de “¿y ahora qué hago?”.
Dónde y cuándo
Esto fue este viernes, con el sol picando o la noche cayendo, en la famosa Terminal de Camiones que nos conecta con Pinar del Río. Esa misma, la de la Calle 100, donde uno espera poder coger viaje pa' la provincia.
Allí estaba la gente, sudando la gota gorda, con sus bultos y sus esperanzas, viendo cómo el tiempo pasaba y la guagua, ¡ni rastro! Manuel Viera, que es de los que no se calla, lo puso en sus redes y el mundo se enteró del papelazo.
Por qué importa
Mire, esto no es solo un viaje que se fastidió. Esto es un grito, una señal clarita de que el transporte en Cuba está más enredado que hilo de media. No hay combustible, las piezas no aparecen y las guaguas del estado, ¡ay, esas guaguas!, andan con el motor en la mano.
Lo que pasó allí afecta a todo el mundo: al que tiene que ir a trabajar, al que visita a la familia, al que tiene una cita importante. Es la vida diaria de millones de cubanos patas arriba, y lo peor es que la cosa viene de antes, de problemas que no se resuelven y de una crisis económica que no da tregua.
Qué dicen las partes
Manuel Viera lo dijo claro en sus redes: “El caos es total. Muchos con pasajes, pero los ómnibus no llegan”. Y soltó la frase que todo el mundo murmura: “No puede colapsar lo que ya ha colapsado”. Es la voz del pueblo, la que se oye en la cola del pollo y en el balcón.
Por otro lado, el Gobierno, con su mismo son, sigue diciendo que "el país no va a colapsar" y que todo está bajo control. Pero la calle, mi socio, la calle está diciendo otra cosa. Los analistas, esos que miran la cosa desde afuera, señalan que es un problema viejo, de cómo se maneja todo, de falta de opciones privadas y de décadas de crisis.
Qué viene ahora
¿Qué viene ahora? Pues más de lo mismo si no se le busca una solución de verdad. La gente sigue con la incertidumbre, mirando al cielo a ver si cae un milagro o una guagua. La situación es grave y, como dice Viera, hay que seguir metiéndole el dedo en la llaga para que se vea la verdad.
Este caos en la terminal de la Calle 100 no es un caso aislado. Es un espejo de la crisis que tenemos encima, y la paciencia del pueblo, como un chicle estirado, ya no da más. A seguir mirando, a seguir contando, a ver si un día el cuento cambia.