¡Las Avispas Negras: ¿Guerreros de cartón o soldados de verdad?

El régimen cubano exhibe sus "Avispas Negras" con armamento viejo y oxidado, mientras miles de jóvenes sufren el servicio militar obligatorio.

Qué pasó, mi gente

Ahí va la cosa, mijo, que el régimen de Cuba anda en lo suyo, queriendo lucirse con sus fuerzas especiales, las famosas “Avispas Negras”. Las ponen como si fueran la octava maravilla del mundo, puro músculo y disciplina.

Pero la verdad, la verdad, es que cuando uno rasca un poquito, lo que aparece es más óxido que otra cosa. Han salido unas fotos y unos videos que dan pena ajena, mostrando un armamento tan viejo que parece sacado de un museo.

En las redes, la gente no para de reírse y de indignarse, viendo cómo la propaganda choca con la realidad.

Dónde y cuándo nos enteramos

Esto está pasando en la misma Cuba, ahora mismo, donde los muchachos que acaban de salir de la escuela se ven metidos a la fuerza en el servicio militar obligatorio.

A muchos los tiran sin preguntar en estas unidades de élite o en el ejército normal, listos para servir de carne de cañón si las cosas se ponen feas. Imagínate tú, un jovencito de 16 o 18 años, que de pronto tiene que aguantar entrenamientos con equipos que ni funcionan y uniformes que se caen a pedazos.

¿Y por qué nos pica esto?

Pues nos pica porque no es solo el cuento de las armas viejas. Lo grave es que detrás de esa fachada de poder, lo que hay es un montón de jóvenes cubanos que están sufriendo.

Se les roba la juventud, los obligan a pasar por un sistema que los tritura, y algunos hasta pierden la vida, como el triste caso de Anier González o Samuel Sampedro en el Combinado del Este.

Esta historia es el reflejo de miles de muchachos que ven cómo su futuro se desvanece por la obligación militar.

Lo que se comenta por ahí

El gobierno, claro, sigue con su discurso de siempre, diciendo que tienen un ejército moderno y preparado. Pero la calle, las redes y los padres de esos muchachos cuentan otra cosa bien distinta.

Hablan de Juan, un santiaguero con equipos que no sirven, o de Miguel, de La Habana, patrullando con fusiles que fallan.

La verdad es que unos presumen, y otros, los que viven el día a día, ven la farsa y el dolor que hay detrás.

¿Y ahora qué, eh?

Ahora la cosa es seguir viendo este teatro. El régimen seguirá exhibiendo sus "guerreros" con armas de mentira, intentando mantener la imagen.

Pero por debajo, la olla está hirviendo. Esos mismos jóvenes, que hoy obedecen por pura obligación, ya están soñando con irse o con un cambio gordo.

La lealtad, al final, no se gana con armas oxidadas ni con propaganda, sino con la verdad y el respeto al pueblo. Y eso, mi hermano, es lo que parece que va a llegar, tarde o temprano.

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