¡La Mandarria: De mercado del pueblo a cementerio de escombros!
En Regla, La Habana, el emblemático mercado La Mandarria está en ruinas. De punto de abasto, pasó a ser un vertedero improvisado, reflejando el abandono institucional.
Qué pasó
¡Oye tú, agarra aire y prepárate pa’ esto! ¿Te acuerdas del mercado La Mandarria en Regla? Ese que era el punto de encuentro, el alma del barrio, donde encontrabas de todo. Pues, agárrate, que la gente está que trina: ¡aquello es ahora un vertedero con techo desfondado y paredes en el piso!
Los vecinos de Regla no aguantan más y han soltado la bomba en las redes, mostrando cómo lo que fue un lugar de abasto vital, ahora en 2026, es puro escombro.
Techos colapsados, paredes que se cayeron solas, pisos con más grietas que la promesa del año nuevo. ¡Es un peligro andar por ahí!
Dónde y cuándo
Esto no es un chisme cualquiera. Está pasando en Regla, en La Habana. El mercado, que por décadas fue el pulmón comercial de los barrios cercanos al puerto, ahora es solo un recuerdo polvoriento.
Dejó de ser un lugar de vida para convertirse en un foco de suciedad y un símbolo de lo que se deja morir.
Por qué importa
¿Y por qué nos pica tanto? Porque La Mandarria no era solo un punto de venta. Era un pedazo de historia, el reflejo del carácter obrero de Regla. Ahí se cruzaba el estibador, el que venía del muelle, la gente de a pie.
Su decadencia no es solo de un edificio; es el abandono que se ve en la comunidad, en la vida de todos.
Qué dicen las partes
Por la calle lo que se oye es la indignación. "Esto era antes el mercado La Mandarria. Miren lo que queda ahora", se lamenta uno.
Otro suelta con dolor: "Da tristeza. Así está hoy la Cuba que nos vio nacer". Las autoridades, ni pío, pero la falta de mantenimiento por años grita más fuerte que cualquier comunicado.
Qué viene ahora
¿Qué se espera ahora? Pues si no se hace algo, lo más seguro es que la ruina siga comiéndose lo poco que queda. El peligro de derrumbe está ahí, la insalubridad sigue.
La gente espera, o más bien ruega, que dejen el bochorno a un lado y alguien le meta mano a este desastre. Veremos qué pasa, porque la paciencia del barrio ya tiene grietas como el piso del mercado.