¡Candela en Santiago! La Policía "pescando" motoristas por el dichoso combustible

Motoristas en Santiago de Cuba viven con el alma en vilo por operativos policiales. La presión aumenta por el origen del combustible, paralizando a quienes dependen de sus motos para vivir.

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas el bochinche que hay en Santiago de Cuba con los motoristas. La gente está con el Jesús en la boca porque la policía les está cayendo encima.

Resulta que les están pidiendo pruebas, documentos, ¡el acta de nacimiento! de dónde sacaron la gasolina. Si no lo tienen a mano, ¡zas!, la moto se va retenida.

Dónde y cuándo

Esto no es un chiste, está pasando ahora mismo en varios barrios de Santiago de Cuba, no solo en las avenidas, también en los callejones. Las patrullas, se dice, están como "pescando" a quien puedan.

La cosa se ha puesto más tensa en los últimos días, desde mediados de febrero de 2026, según comentan los de la calle. Imagínate el ambiente, con el calor y la gente más nerviosa que un gato en un balancín.

Por qué importa

¡Claro que esto importa y mucho! Aquí en Cuba, una moto no es un lujo para ir de paseo. Para muchísimas familias, es la única manera de trabajar, de buscarse el pan de cada día, de salir adelante en medio de tanta escasez.

Perder la moto, aunque sea por un ratico, es como quedarse sin piernas, sin sustento. Es un golpe directo al bolsillo y al estómago de la gente. La preocupación es palpable en cada esquina y semáforo.

Qué dicen las partes

Por la parte oficial, mira, hasta ahora no se ha soltado una sola palabra, ni un comunicado que aclare bien qué está pasando o qué criterios están usando. La boca, como siempre, cerrada con candado.

Pero los motoristas, esos sí que hablan. Están con el corazón en la mano, diciendo que han tenido que reducir sus recorridos, evitar ciertas zonas, o directamente, no salir. Un repartidor, asustao, susurró: "Sin la moto no trabajo, y sin trabajo no hay comida". ¡Tremendo drama!

Qué viene ahora

Pues, como dice el dicho, el futuro es incierto. Nadie sabe cuánto tiempo va a durar esta presión policial ni cómo se va a resolver el tema del combustible legal. La gente está a la expectativa, esperando que baje la marea o que den una explicación.

Mientras tanto, en Santiago, los motores se encienden con sigilo. Las miradas atentas a cada patrulla que pasa son el pan de cada día, y la preocupación crece más rápido que la hierba mala. Habrá que seguir con el oído pegado a la calle para ver cómo se desenlaza este nuevo capítulo.

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