¡Ay, qué cosa! La hija que luchó por su papá ganó el pleito... ¡pero se nos fue!

Ofelia, una adolescente de Chicago que peleó valientemente por su padre detenido por ICE, falleció de cáncer. La triste noticia llega justo cuando un juez le dio la razón a su familia.

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas, que es un trago amargo de los que te dejan sin habla. En Chicago, una muchachita de solo dieciséis años, Ofelia Giselle Torres Hidalgo, nos dejó. La cosa es que esta guajirita, con un valor que ya quisiera ver uno en muchos mayores, estuvo fajada contra un cáncer de esos que no dan tregua.

Y lo más fuerte de todo, ¡socio!, es que su muerte llega justo después de que un juez le diera la razón a su padre en un pleito de deportación. Imagínate tú, la victoria llegó, pero ella ya no estaba para celebrarla.

Dónde y cuándo

Este drama, que te digo, se cocinó entre la calidez de Lake View High School y la frialdad de los trámites migratorios. A Ofelia le diagnosticaron un rabdomiosarcoma alveolar metastásico a finales del 2024, un bicho malo y agresivo. Estuvo en tratamiento de quimioterapia y radiación por más de un año.

La cosa se puso más tensa en octubre de 2025, cuando a su padre, Rubén Torres Maldonado, un pintor mexicano de cuarenta años que andaba buscando materiales en un Home Depot en Niles, lo agarraron los de ICE. Ahí fue que la joven, aún con la enfermedad encima, tuvo que echar pa'lante por su familia.

Por qué importa

Mira, la historia de Ofelia es un puño en el estómago para la cantidad de familias inmigrantes que viven con el corazón en la mano. No es solo el cáncer; es el estrés de ver a tu padre detenido, la incertidumbre, la lucha legal, todo eso mezclado con una enfermedad que te consume.

Su partida, con esa victoria tan tardía, nos hace pensar en el peso invisible que cargan estos muchachos. La gente está que hierve, porque demuestra cómo los procesos migratorios afectan la vida hasta en lo más profundo, especialmente a los que menos culpa tienen.

Qué dicen las partes

Por ahí se oye que la familia está deshecha, claro, con el dolor de la pérdida y la alegría agridulce de la decisión judicial. Ofelia misma lo gritó en sus videos y campañas: “Mi papá, como muchos otros, es un trabajador que se levanta temprano y no se queja, siempre pensando en su familia. Es injusto que familias inmigrantes trabajadoras sean atacadas solo porque no nacieron aquí”.

Esa fue su voz, clara y valiente, pidiendo justicia. El juez, al final, le abrió la puerta a su padre para solicitar la cancelación de la deportación, un rayito de luz que llegó cuando el cielo ya se había oscurecido del todo para la niña.

Qué viene ahora

Bueno, ¿y ahora qué? Ahora el padre de Ofelia, Rubén Torres, tiene una oportunidad legal para pelear la cancelación de su deportación y, quién sabe, hasta conseguir la ciudadanía americana. Pero la comunidad, y todos los que siguieron esta historia, se quedan con el vacío que deja esta muchacha guerrera.

Esto nos enseña que hay que seguir mirando de cerca estos casos, porque cada decisión burocrática es un destino que se decide, una familia que sufre. La lucha de Ofelia no termina con su partida; sigue viva en la memoria y en la fuerza de los que todavía están fajándose por sus derechos.

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