¡Ay, mi madre! ¡Mientras el pueblo suda la gota gorda, la cúpula vive como sultán!

Cuba está en la olla: apagones, escasez, y la gente ya no aguanta más. Pero la cúpula, ¡ah, la cúpula!, sigue de lo más cómoda. El descaro es grande.

Qué pasó

¡Oye esto pa’ que veas, mi gente! La cosa en Cuba está que arde de verdad, y no precisamente por el sol que nos castiga. El pueblo, ese que se levanta todos los días a fajarse, está sudando la gota gorda con una crisis que parece no tener fin. Hablamos de apagones que te dejan a oscuras por horas y horas, la comida que no alcanza para todos en la mesa y las medicinas, ¡ah, las medicinas!, que andan más perdidas que el camarón de Nicasio.

Pero mientras millones de cubanos ven cómo el día a día se vuelve una odisea, el gobierno del “Díaz-Canel y compañía” nos sale con el mismo disco rayado de que hay que “resistir” y “sacrificarse”. Lo curioso es que ese sacrificio parece ser una receta solo para la gente de a pie. Porque la cúpula, esa sí que vive como sultán, con todos los privilegios a flor de piel, sin que les falte de nada. ¡Pura desfachatez en la cara de todo el mundo!

Dónde y cuándo

Esto está pasando ahora mismo, en este preciso instante, en nuestra Cuba querida. Estamos ya en 2026 y la situación bajo la batuta del Miguel Díaz-Canel no mejora, al contrario. El país entero, de punta a cabo, se siente como en una máquina del tiempo, pero una que nos tira directo a los tiempos más oscuros y duros del tristemente célebre "Período Especial". Aquella época, para los que la vivieron, fue una tortura, y para los jóvenes, una historia que no quieren repetir.

La isla entera está sumida en un ambiente de tensión palpable, donde la escasez de lo más básico y la indignación se sienten en cada esquina, en cada cola para el pan, en cada guagua que no llega. Es como si el aire mismo, pesado y caliente, gritara la frustración de un pueblo que ya está cansado de promesas vacías y de ver la doble moral caminando a sus anchas por las calles.

Por qué importa

¡Y claro que esta papa caliente importa, mi gente! Esto no es un cuento de camino ni un chisme de lavadero; es una realidad que le cae encima a millones de cubanos, a nuestras familias, a los vecinos que vemos cada día con la cara larga. Significa que la vida se pone más dura y cuesta arriba con cada amanecer, con menos de todo lo necesario y más preocupaciones rondando la cabeza de cada cual.

La abismal diferencia entre la miseria y el sacrificio que se le impone al pueblo y la vida de lujo que se sostiene para cuatro gatos de la élite es un puñal directo en el alma. Esto es un descaro tan grande que tiene a la gente con la lengua afuera, porque ver cómo unos viven en la opulencia mientras el resto sufre hasta para conseguir un plato de comida, eso no se olvida y duele en lo más profundo.

Qué dicen las partes

Por un lado, la “cúpula” sigue con el mismo disco rayado de la “resistencia” y el “sacrificio”, como si las palabras, por muy bonitas que suenen, pudieran llenar la barriga o encender la luz en medio de un apagón. Pura teoría barata que no se come ni se bebe, ¿entiendes? Puro humo para mantener a la gente entretenida.

Pero en la calle, en las colas, y sobre todo en las redes sociales, la gente está que trina, con la paciencia agotada. Una usuaria, que se hace llamar Rosa Blanca Roja, escribe con el corazón en la mano que “no tenemos luz, ni gas, ni comida, ni fuerzas para seguir resistiendo”. Y otra, Niuris Pérez, denuncia sin pelos en la lengua la hipocresía de esos que predican socialismo mientras ellos viven como reyes, con todo resuelto. ¡Un tremendo bochorno!

Incluso el periodista José Raúl Gallegos, ese que siempre está al tanto de lo que se cuece, advierte sin tapujos que los de arriba no van a soltar la papa tan fácil. Dice que solo si les tocan el bolsillo, sus intereses más profundos, quizás, y solo quizás, se muevan un poquito de su trono. ¡Imagínate la magnitud del egoísmo!

Qué viene ahora

Pues mira, el panorama no pinta muy claro, mi hermano. Se rumora con fuerza que Estados Unidos podría meterle más presión a la isla con nuevas sanciones, especialmente en el tema del petróleo. Y eso, compadre, sería un golpe más bajo, un empujón al vacío para el poco combustible que tenemos. Menos petróleo significa más apagones, más paralización de transporte y, por supuesto, más bronca y malestar en la calle.

Así que, mientras la cúpula sigue atrincherada en sus privilegios, haciendo oídos sordos al clamor popular, la presión social está que explota como un volcán a punto de erupción. La gente ya no quiere más cuentos ni promesas incumplidas; quiere cambios de verdad, que se vean y se sientan en su día a día. La cosa está caliente, más caliente que nunca, y hay que ver hasta dónde aguanta la olla sin desbordarse por completo.

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