¡Tremendo encontronazo! El Malecón se tragó a un músico que iba por su hija
El Malecón habanero fue testigo de una tragedia. William Herrera, músico y padre, murió en un accidente de moto, impactado por un carro. La Habana está de luto y la calle arde en comentarios.
¡Tremenda desgracia en el Malecón!
¡Oye esto, mi gente, que la lengua se me traba de la pena! La Habana amaneció con un bochinche triste. El Malecón, que casi siempre es fiesta, esta vez se puso su traje de luto riguroso.
Se nos fue William Herrera, un músico de esos que tocan el alma, un padre entregado. Iba en su moto a recoger a su hija, cuando ¡pum!, un carro lo impactó por detrás. Un instante y la vida se le fue.
El sitio y la hora del tremendo encontronazo
Esto fue este mismo martes, en pleno día, en el Malecón habanero. William rodaba sin problema, cumpliendo con la faena del día. El otro conductor, dicen los que vieron, iba con la mente en la luna y no lo vio.
El golpe fue tan fuerte que no hubo nada que hacer. Ahí quedó, en el asfalto. Sus amigos y conocidos no lo dejaron solo, hicieron guardia hasta que su familia llegó, rota de dolor.
¿Por qué este lío nos tiene en candela?
Porque William no era cualquier hijo de vecino, ¿saben? Era un músico con talento, un buen padre. Su muerte no es una cifra; es un vacío grande, un artista menos, un hogar sin su pilar.
Esto vuelve a poner en el candelero la seguridad vial. El Malecón, con carros que vuelan y motorinas que se cuelan, es un peligro. La gente se pregunta: ¿Hasta cuándo los accidentes por despiste?
Lo que anda diciendo la gente por la calle
Las redes sociales, que son el chismógrafo moderno, están que echan humo. Todos recuerdan a William como "padre ejemplar" y "gran músico". Hay un dolor colectivo y mucha indignación.
Las críticas llueven sobre los conductores distraídos. Se pide más cabeza, más ojo en la calle, sobre todo con tanta moto y bicicleta eléctrica. "Hay que manejar como si la vida fuera la tuya", dicen.
¿Y ahora qué viene en este culebrón?
Ahora, la familia de William pasa por el momento más difícil, con el apoyo de su gente. Pero la pregunta gorda sigue ahí: ¿Cuántas vidas más para que haya un cambio real en nuestras vías?
Este suceso quedará como una espinita clavada. Un recordatorio cruel de lo frágil que es la vida. Un despiste puede cambiarlo todo. La Habana perdió a uno de los suyos, y su ausencia se va a sentir.