¡El carbón a precio de oro y el gas a lo que dé! ¡Cuba ardiendo… literal!

La candela se prendió en Cuba con los precios del carbón y el gas. ¡Un saco de marabú por 7 mil pesos y el gas por las nubes! La calle arde con el bochinche.

Qué pasó

¡Ay, mi gente! La candela está encendida en Cuba, y no es precisamente la del fogón. Con los apagones que no dan tregua, la gente se mata buscando carbón y gas para cocinar.

Pero el problema gordo no es solo la búsqueda, ¡es el precio! El mercado informal ha puesto unas tarifas que te dejan con la boca abierta y el bolsillo vacío. Es un descaro, una cosa de locos que está haciendo gritar a medio mundo.

Dónde y cuándo

Esta novela de los precios está más caliente que nunca. Imagínate, en un grupo de compraventa de Revolico, un saco de carbón de marabú lo ofrecieron a ¡siete mil pesos cubanos! Un pasón que te deja temblando.

¿Y el gas? Agárrense bien, porque en el centro del país se habla de balitas de gas que llegan a los ¡ochenta y cinco mil pesos! Esto no es cuento, es la pura verdad en la Cuba de hoy.

Por qué importa

Esto importa, y mucho, porque no es un chismecito de esquina. Afecta directamente a miles de familias que no tienen más remedio que pagar esos precios de infarto para llevar comida a la mesa.

Con el salario estatal que no da para nada y los precios de lo básico por las nubes, que el carbón y el gas te vacíen el bolsillo es un golpe bajo. Es un bochorno que duele en el alma del cubano de a pie.

Qué dicen las partes

En las redes sociales, la discusión está que arde. Algunos dicen que hay que entender al que vende, que preparar el carbón lleva su trabajo y su riesgo. Defienden que cada cual le ponga el precio que le dé la gana.

Pero la mayoría, con razón, está que trina. Dicen que es pura especulación, una falta de humanidad tremenda. Se quejan de la falta de empatía, recordando que la vida ya está bastante cara para que hasta la candela sea un lujo.

Qué viene ahora

Por ahora, si los apagones siguen y el mercado formal no mejora, la gente va a seguir en manos de estos precios abusivos. El mercado informal seguirá mandando la parada, ahogando a cualquiera que necesite cocinar.

Habrá que ver si el gobierno le mete mano a esto y alivia el bolsillo de la gente. Mientras tanto, el fogón sigue siendo un lujo y la calle, un hervidero de quejas y bolsillos vacíos.

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