¿Encapuchado en un chifa? ¡Así se le fue la presidencia al pobre Jerí!
En Perú, al presidente José Jerí lo botaron del cargo por un tremendo bochinche. Cuentan de reuniones secretas encapuchado y chanchullos con contratos.
Qué pasó
Oye esto pa’ que veas el tremendo escándalo que se armó en Perú. Al presidente José Jerí, que no llevaba ni cuatro meses con el título, lo destituyó el Congreso. Imagínate el trajín, ¡siete mociones le cayeron encima como un cubo de agua fría!
La cosa fue tan rápida que la gente ni se recuperaba de un bochinche cuando ya venía el otro. Otro presidente que se va pa' la calle en un abrir y cerrar de ojos, dejando al país con la boca abierta.
Dónde y cuándo
Esto no fue un cuento de camino. El meollo del asunto se cocinó en Lima, Perú, en pleno Congreso. Un martes 17 de febrero de 2026, los honorables se pasaron más de cuatro horas en una sesión que parecía una obra de teatro callejero.
Pero el chisme gordo, el que encendió la mecha, nació en un “chifa”, un restaurante chino allá en el distrito de San Borja. Cuentan que a Jerí, el presidente, lo vieron entrar encapuchado, como si fuera un personaje de una película de misterio, ¡fuera de todo registro oficial!
Por qué importa
¿Y por qué nos importa a nosotros este revolico? Pues porque el Perú parece que tiene una maldición con la silla presidencial. Cada dos por tres, un mandatario que entra es un mandatario que sale, y la inestabilidad política se vuelve el pan de cada día.
Este escándalo del “Chifagate”, con reuniones secretas y el tufillo a tráfico de influencias y contratos a dedo, enciende las alarmas. Cuando la gente ve estas cosas, la confianza en los de arriba se va al piso y el pueblo se enfurece.
Qué dicen las partes
El Congreso, ni corto ni perezoso, con 75 votos a favor, le dijo a Jerí: “¡Hasta aquí llegaste!” sin mucha contemplación. La maniobra para dilatar la censura, ni por asomo, les funcionó.
Por el otro lado, aunque a Jerí no podían investigarlo de buenas a primeras por su cargo, la Fiscalía Anticorrupción ya puso el ojo en “los que resulten responsables”. Las encuestas no mentían: su desaprobación subía como la espuma, y la mayoría olía que había tremendo chanchullo. La Contraloría, como un sabueso, ya anda pidiendo papeles y comprobantes, ¡a ver quién dio qué y a quién!
Qué viene ahora
Ahora mismo, la cosa está en un punto y seguido, no en un final. La Fiscalía sigue escarbando, y no se descarta que a Jerí le toque rendir cuentas más adelante, como a cualquier hijo de vecino.
Perú se queda otra vez con el “qué será” en la boca y el pueblo mirando a ver quién se sienta en esa silla caliente. El bochinche, de seguro, seguirá por un buen rato, porque en la política, como en la vida, siempre hay más tela que cortar.