¡Se nos fue el Fulleda, un palo de dramaturgo que hacía temblar el tablado!

El teatro cubano está de luto: Eduardo Fulleda León, Premio Nacional de Teatro, falleció. Deja un legado inmenso en la escena nacional.

Qué pasó

¡Oigan esto que es un batazo para la cultura! Se nos ha ido Eduardo Fulleda León, un señorón del teatro cubano que era más que director y dramaturgo; era un faro, un Premio Nacional de Teatro del 2013, y el alma de la Compañía Teatral Rita Montaner.

Imagínense el golpe: un hombre que le dio cuerpo y alma a las tablas, que con sus obras hacía pensar y sentir lo cubano hasta la médula, ya no está entre nosotros. El chisme no es malo, es la pura verdad que sacude.

Dónde y cuándo

La noticia, que cayó como un jarro de agua fría, se supo el jueves 19 de febrero de 2026. Fue aquí mismo, en nuestra Cuba, donde este hombre sembró tanto arte y dejó su corazón en cada puesta en escena.

Su trabajo con la Compañía Teatral Rita Montaner era un referente, un sitio donde se cocinaban las nuevas ideas y se mantenía viva la esencia de lo nuestro, con olor a mar y sabor a tradición.

Por qué importa

Esto importa, y mucho, porque Fulleda León no era un fulano más. Él exploró la identidad cubana y caribeña con una profundidad que pocos lograban, y sus textos eran un espejo de nuestra historia y nuestra gente.

Era un maestro, de esos que forman generaciones, y su estilo, riguroso y lleno de símbolos, marcaba la pauta. Su pérdida es un boquete que se siente en cada butaca vacía, en cada telón que sube sin su mirada.

Qué dicen las partes

Desde los compañeros de escena hasta sus alumnos y las instituciones de la cultura, todos andan con el corazón apretado. Lo describen como un creador que no se cansaba, un maestro generoso que compartía su saber sin reservas.

La tristeza es grande, sí, pero el orgullo por todo lo que dejó es aún mayor. Como se dice en el barrio: “¡Ese sí que dejó huella!”

Qué viene ahora

Aunque ya Fulleda León no esté para dirigir el ensayo o pulir un diálogo, su obra sigue viva y coleando. Sus textos se seguirán montando, sus enseñanzas resonarán en los nuevos actores y directores que él formó.

El teatro cubano no lo olvidará, y su legado es como un tesoro que pasará de mano en mano. Así que, aunque haya luto, la luz de su arte seguirá brillando en cada escenario de esta isla.

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