¡Qué palo! Niro de la Rúa: De estrella de la radio a chofer con clase en Miami

El gran Niro de la Rúa, ícono de la locución cubana, ahora maneja por Miami llevando pacientes. Una historia de adaptación y dignidad que pone a la gente a hablar.

Qué pasó

¡Oye esto pa’ que veas, que la vida da unas vueltas que ni la mejor novela de TV! Resulta que nuestro Niro de la Rúa, el que nos metía el noticiero hasta en la médula y con el que crecimos en la radio, ahora está echando millas por Miami. Sí, sí, como lo oyes.

El hombre, con toda su trayectoria de locutor estrella, se sube al volante para llevar gente de un lado a otro en un centro médico. ¡Tremendo cambio, no te parece!

No es queja, no. El hombre lo cuenta con una tranquilidad que ya quisiera uno. Dice que hizo su carrera en Cuba y que aquí, si sale algo, se le da candela, pero sin dramas. Pura aceptación y la frente en alto, mi gente.

Dónde y cuándo

Este cuento no es de la cola del pollo, sino de una entrevista fresquita con la gente de Familia Cubana. Allí, en el mismísimo Miami, la ciudad donde el sol se pone al ritmo de un reguetón y el chisme corre más rápido que un carro sin gasolina.

Niro, junto a su esposa, la actriz María Teresa Pina, se asentó allí después de un pit stop en México. Llegó en 2017 y desde entonces, la vida le ha puesto nuevos desafíos.

Ahora mismo, lo encuentras en La Colonia Medical Center, un lugar clave para la comunidad hispana. Él es el encargado de que los pacientes, muchos de ellos adultos mayores, lleguen a tiempo a sus citas. Imagínate, con esa voz de oro, dando indicaciones de tráfico. ¡Para la película, te digo!

Por qué importa

Mira, esto no es solo la historia de un locutor que cambió el micrófono por el volante. ¡Qué va! Esto es un espejo donde se ven reflejados miles de cubanos que llegan a otra tierra con su talento a cuestas y les toca empezar de cero.

El Niro es un ejemplo de que la dignidad no se negocia, que el trabajo honra, sea cual sea. ¿Quién dijo que un artista no puede ser un choferazo de primera? ¡Nadie!

Importa porque nos recuerda que el talento y la experiencia son una cosa, pero la realidad, la dura realidad de la migración, a veces te pone a prueba. Y el hombre, con su sapiencia y su saber hacer, le está metiendo el pecho. Es la prueba viviente de que uno puede reinventarse sin perder la esencia, ¡y eso vale más que mil premios!

Qué dicen las partes

El propio Niro, con esa calma que le caracteriza, ha sido claro como el agua.

"Yo hice carrera en Cuba. No vine a hacerla aquí."

sentenció. Una frase que suena a declaración de principios, a no vivir de glorias pasadas.

Él se sabe el guion de su vida y lo interpreta con madurez.

"Hay que ser objetivo en la vida: si aparece algo y se puede hacer, se hace. Pero ya no tengo nada que me quede por hacer que yo no haya hecho."

¡zas, en la misma cara de los criticones!

Su historia familiar también es un culebrón. Hijo de un preso político de la Marina de Guerra, acusado de la CIA (¡sin pruebas, ojo!), que se salvó del paredón por un milagro diplomático y cumplió 11 de 30 años.

Su familia menor se asiló, pero él, por ser mayor de edad, se quedó en la isla. Una vida con más vueltas que un trompo. Pero él, ahí, contando su verdad, sin pelos en la lengua.

Qué viene ahora

¿Qué viene ahora para Niro? Pues seguir dándole. Aparte de su trabajo fundamental como chofer, él y María Teresa Pina no han abandonado del todo el arte. Todavía están por ahí con proyectos como 'La Gran Tirana', su unipersonal.

Es decir, que el micrófono y las tablas siguen llamando, aunque sea por otro camino. Seguro que, con esa voz y esa experiencia, en cualquier momento nos da una sorpresa. Quizás un podcast, un programa, ¡quién sabe!

Lo que sí está claro es que su legado en Cuba es intocable y que en Miami, con su trabajo y su ejemplo, sigue siendo una figura. Estaremos pendientes, porque las historias de gente como Niro siempre tienen un segundo acto, ¡y este promete!

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