¡¿Pero es pa' aplaudir o pa' fajarse?! Cuba coge bronce pero la gente está que arde en la calle!

Cuba ganó bronce en Caracas, pero el 4-4 en la Serie de las Américas levantó un polvorín. Entre la alegría del director y el cabreo de la afición, el debate está que arde. ¡Un chisme con medalla!

¿Qué fue lo que pasó, mijo?

¡La pelota, mi gente! Cuba se trajo un bronce de la Serie de las Américas en Caracas. Pero ojo, que ese metal viene con el sabor agridulce de un 4-4 en la tabla.

En el último juego, nuestros muchachos le dieron un palizón 7-2 a Panamá. Christian Rodríguez la botó con tres carreras y Leonel Moas puso el madero justo. José Ignacio Bermúdez se lució en la lomita. Ganaron, pero la gente ya venía con el pitorreo.

¿Dónde fue el chisme y cuándo se armó?

Este bochinche no fue en el barrio, sino allá, en la Gran Caracas, Venezuela. En el tremendo Estadio Monumental Simón Bolívar.

Era la Serie de las Américas 2026, y el viernes 13 de febrero de ese año, nuestros peloteros cerraron su faena. Un calor bravo en el campo y otro calor más bravo en las redes.

¿Y por qué le duele a la gente, mi hermano?

¡Aquí está la candela! Esto no es solo una medalla; es la pelota cubana, la pasión de un pueblo. Este torneo era la antesala del Clásico Mundial de Béisbol.

Un balance de 4-4 contra rivales que se supone "más flojos" dejó a la gente con la mosca detrás de la oreja. La preocupación es grande: ¿qué pasará con los "monstruos" si así estamos?

Muchos sienten que, aunque hay bronce, la consistencia en el bate y el control en el pitcheo no estuvieron a la altura de lo esperado. La confianza se tambalea, y la exigencia crece.

¿Qué dijo el director y qué gritó el pueblo?

Germán Mesa, el director y visionario para el Clásico, dice que la cosa fue positiva, que hubo "entrega y capacidad de reacción". Él ve el vaso medio lleno, como si fuera una lección valiosa.

Pero el pueblo en las redes sociales, ¡ay, el pueblo!, está que brama. Critican las cuatro derrotas contra equipos que no son grandes ligas. Demandan más, y ven debilidades ofensivas y en el montículo.

Mesa, con su calma, soltó:

"Siempre queremos más, pero el equipo dio batalla y se comportó a gran altura."

Ahí está el pulso, entre la directiva y la calle.

¿Y ahora qué, mi gente?

Con el bronce guardado y la boca de la gente hablando, el equipo cubano ya mira al Clásico Mundial. Toca ajustar, pulir y ver qué se hace con esos bates y brazos.

La preparación es clave. Los ojos de la nación estarán puestos en cada movimiento. Entre la esperanza de los de arriba y la exigencia de los de abajo, el camino promete ser movidito. La pelota siempre sorprende, y en Cuba, la fe nunca se rinde.

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