¡La cola del pollo se volvió tribuna! ¿A qué no sabes lo que están pidiendo en Cuba?

En la calle, el pueblo cubano ya no aguanta y pide a gritos un cambio. Entre apagones y escasez, la gente emplaza al gobierno, ¡y hasta miran pa'l yuma!

¿Qué pasó?

¡Oye esto pa’ que veas! Lo que antes era un murmullo por lo bajito, ahora es un grito que se oye en cualquier esquina de la isla. La gente, la gente de a pie, esa que brega y hace la cola del pan, está diciendo claro y raspao que se necesita un cambio en Cuba, ¡y rápido!

Es que no es un secretico: la escasez de comida, esos apagones que te dejan sin aire y la falta de medicinas tienen a todo el mundo con la soga al cuello. El pueblo está cansado, mi socio, y ya no hay quién lo calle.

¿Dónde y cuándo?

Esto no es cuento de un solo barrio, no. Desde la Habana, con su bullicio, hasta el rincón más apartado, la misma historia se repite.

Lo ves en el trabajador que sale del estado, en la abuela que espera en la parada, en el joven universitario, en la madre que busca qué dar de comer. Es la voz de todos, en todos lados, y está pasando ahora mismo, cada día.

¿Por qué importa?

Mira, esto importa porque no estamos hablando de tonterías, sino de la vida misma, de poder vivir con dignidad. Una señora lo dijo bien clarito: “Ya es hora de vivir como personas”.

La calidad de vida se ha ido al piso, compadre, entre tantas dificultades. La gente siente que la han abandonado y que urge una apertura, un respiro, oportunidades de verdad para salir adelante. Esto nos toca a todos.

¿Qué dicen las partes?

Por un lado, la gente de la calle lo tiene claro: sienten que hay un “abandono” y que “es hora de vivir mejor”. Algunos, incluso, miran para el otro lado del charco, pa’l Yuma, y dicen que hace falta que “sigan insistiendo” para que la cosa mejore.

Por otro lado, el Gobierno, como siempre, defiende su modelo. Dice que la culpa de todo esto es del embargo de Estados Unidos y de otras cosas que pasan por ahí fuera.

Pero los que saben, los expertos, dicen que es una mezcla de problemas de adentro y de afuera. La verdad es que cada quien tiene su versión, ¿sabes?

¿Qué viene ahora?

Ahora mismo, la cosa está que arde. El debate en la calle ya no se fía de las explicaciones oficiales, no señor. Lo que manda es la vida de cada día, las colas, los números que no alcanzan.

Nadie sabe a ciencia cierta qué pasará, pero lo que sí está en el aire es que el futuro de esta tierra depende de que se tomen decisiones que de verdad, de verdad, pongan primero lo que el pueblo necesita.

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