¡Guantánamo se paraliza! ¿Qué pasó con el muchacho del Servicio Militar?

Un joven guantanamero, Abraham Limonta, falleció durante el Servicio Militar Obligatorio, generando indignación y reclamos sobre la salud mental de los reclutas.

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas, que la gente en Guantánamo está que no se lo cree. Se regó la bola, y no es chisme de colá, que otro muchacho se nos fue cumpliendo el Servicio Militar. ¡Un dolor de cabeza, caballero!

El activista Alfredo González soltó la noticia en Facebook, y la gente se ha puesto brava, pidiendo explicaciones. No es la primera vez que pasa algo así, y el silencio es lo que más duele.

El difunto, un joven llamado Abraham Limonta, era de ahí mismo, de Ciudad Deportiva. Cuentan que era un muchacho educado, noble, de esos que aspiran a más, ¡quería ser médico, imagínate tú!

Dicen que se quitó la vida, allá en la zona oriental, mientras estaba en el cuartel. Se metió en el Servicio en junio del año pasado, y ahora nos llega esta desgracia. ¡Pobre familia!

Dónde y cuándo

La cosa pasó en algún cuartel por la parte oriental del país, aunque no sueltan la ubicación exacta, como siempre. Parece que fue hace poco, porque la noticia acaba de explotar y ya está todo el mundo hablando.

El joven era de Guantánamo, de un barrio que llaman Ciudad Deportiva, un lugar tranquilo. Tenía apenas unos meses de haber entrado al Servicio Militar, un año era lo que le tocaba cumplir.

La historia la sacó a la luz Alfredo González, el activista, a través de su cuenta de Facebook. Esto fue un sábado reciente, por la mañana, y la bola corrió como candela seca. La gente enseguida se puso a comentar.

Por qué importa

Esto importa, mi gente, porque no es un caso aislado. Cada vez que pasa algo así, la gente se pregunta: ¿quién cuida a los muchachos en el Servicio?

Afecta a todas las familias que tienen hijos en edad de hacer la mili, que no saben si van a volver sanos y salvos. Es la angustia de los padres, de los hermanos, de los amigos que se quedan esperando.

El activista lo dejó claro: “¿Cuántos más para que sean demasiadas las víctimas?” La cosa no es solo un hecho aislado, es un patrón que deja a mucha gente con el alma en un hilo. La salud mental de esos jóvenes, ¿quién la atiende de verdad?

Qué dicen las partes

Por ahora, el silencio es el único vocero oficial, ¡como de costumbre! Ni una palabra de las autoridades, ni del gobierno, ni de los militares. La boca cerrada, como si aquí no hubiera pasado nada.

Los activistas, como Alfredo González, no se callan. Denuncian que la cosa se quiere tapar, que no se investiga a fondo y que siempre se mira como “deserción” cuando es un problema de cabeza, ¡un problema de gente!

La gente en las redes, que esos sí no se callan, se desahogan. Dicen que el Servicio Militar es un desorden, una irresponsabilidad. Que la impunidad es la que manda y que los hijos que mueren “no son los de los de arriba, sino los del pueblo”.

Hay un sentimiento general de solidaridad con la familia de Abraham. Todos piden que se reconozca la gravedad de la situación y se le dé cara a este problema que le quita el sueño a tantos.

Qué viene ahora

Ahora lo que viene es más bochinche, más reclamos. La gente no se va a quedar tranquila, aunque las autoridades hagan la vista gorda. Este tema del Servicio Militar y la salud de los muchachos siempre vuelve al ruedo.

Hay que ver si, con la presión de la calle y las redes, alguien del gobierno rompe el silencio y da una explicación. Pero la verdad es que la esperanza, a veces, es lo último que se pierde.

Por lo pronto, la familia de Abraham Limonta está de luto, y el pueblo de Guantánamo sigue preguntándose: ¿cuándo se va a acabar esta historia de muchachos que no regresan a casa? La incertidumbre se queda flotando en el aire.

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