¡Ay, mi madre! A los viejitos de Santiago les tumbaron el comedor por un "papelito".
En Santiago de Cuba, las autoridades demolieron un comedor para ancianos promovido por el Padre Leandro Fuentes, dejando a decenas de abuelos sin su plato de comida diaria por supuestos problemas administrativos sin detallar.
Qué pasó
Este es un bochinche que te pone los pelos de punta. Imagínate que en Santiago de Cuba, a mitad de febrero de 2026, las autoridades se aparecieron y le echaron abajo un comedor comunitario a los viejitos. Así, sin más ni menos, como si fueran a tumbar un tablado de carnaval.
El Padre Leandro Fuentes, ese que siempre está metiendo la mano por la gente, había logrado montar el comedor para que muchos abuelos tuvieran al menos un plato de comida caliente al día. Y de pronto, ¡pum!, lo demolieron.
Dónde y cuándo
La cosa ocurrió en Santiago, por allá por el 19 de febrero. Un día cualquiera, llegó la gente de los inspectores y metieron mano a la obra. El lugar era un espacio que, con mucho sudor y donaciones, le daba un bocado a decenas de personas, la mayoría ancianos que apenas si tienen para vivir.
Era un punto de alivio en medio de la candela, donde no solo comían, sino que también encontraban un poco de compañía y calor humano. De la noche a la mañana, ese respiro se acabó.
Por qué importa
Mira, esto no es poca cosa. ¿Tú sabes lo que significa que un abuelo que cuenta hasta el último centavo se quede sin ese plato de comida? En Cuba, con la inflación galopante y la escasez que nos tiene con la soga al cuello, estas iniciativas son un salvavidas. Las pensiones no dan ni para el café.
Esta acción deja en el aire a un montón de gente que no tiene a dónde más ir. Es un golpe duro para la solidaridad que la gente de a pie intenta construir, demostrando que a veces, aunque quieras ayudar, hay puertas que se cierran sin explicación.
Qué dicen las partes
El periodista Mario Vallejo, de Univision, fue el que soltó el chisme grande, denunciando la demolición. Él cuenta que la acción fue de sorpresa, dejando a todo el mundo con la boca abierta y la tripa vacía. Las autoridades, por su parte, dicen que hay "argumentos administrativos".
Pero el problema es que nadie ha visto esos "papelitos". No hay documentos, no hubo multas públicas, ni un aviso de esos que te dan un chancecito para arreglar las cosas. Se rumorea de problemas sanitarios, pero nadie lo ha confirmado, lo que huele un poco a "conveniente".
Qué viene ahora
Ahora la pregunta del millón es: ¿Qué va a pasar con esos viejitos? ¿Quién les va a dar de comer? Este caso reaviva la discusión esa de por qué al gobierno le cuesta tanto trabajo apoyar, o al menos no estorbar, las iniciativas que nacen de la propia gente para resolver los problemas más urgentes.
Toca esperar a ver si alguien da una explicación más clara, o si simplemente el asunto se va a quedar como otro bochinche sin resolver, mientras los más vulnerables son los que pagan el pato. Hay que tener los ojos bien abiertos.