¡Apagón en la olla y la olla vacía! ¿Cuba a dieta de donaciones?

¡Tremendo chicharrón! Cuba se debate entre apagones que apagan la vida y la canasta vacía, ahora más que nunca mirando al cielo a ver si cae una donación. ¿Será que vamos a vivir de milagro?

Qué pasó

Cuba está en un aprieto que ni un mojito en sequía. La economía, mi gente, parece que le han echado agua y está más chiquita que un guanajo flaco.

Hablan de una caída del PIB como si fuera un chisme de lavadero: ¡un 15% menos! Eso se traduce en fábricas que andan a media máquina, sin un dólar que ver y el turismo que no arranca ni con la primera.

Y para colmo de males, ¡los apagones! Esos sí que nos tienen con el grito al cielo, parando la vida y las pocas cosas que producen.

Dónde y cuándo

Esto está pasando en toda la isla, desde Maisí hasta el Cabo de San Antonio, ahora mismo, en este mismísimo instante que la gente está sudando sin ventilador.

El golpe más duro llegó cuando, a principios de enero de 2026, ¡capturaron a Nicolás Maduro! Sí, el presidente Donald Trump dio la orden y se acabó el petróleo venezolano que nos mantenía a flote.

Desde entonces, ni una gota de crudo ha llegado a la isla. Así que aquí estamos, con la boca abierta, viendo cómo se nos va el aire y la luz, justo cuando más falta hacen.

Por qué importa

Esto importa y mucho, porque la pregunta que salta a la vista es: ¿Puede un país como el nuestro, con casi diez millones de almas, vivir de la caridad?

Imagínense ustedes un día a día sin saber si habrá corriente para cocinar, para trabajar o para el hospital. Es un trago amargo que nos afecta a todos, desde el más chiquito hasta el abuelo.

Antes nos salvó la Unión Soviética, después Venezuela, pero ahora que esa tubería se secó, estamos contra la pared. Esto no es un simple mal rato; esto es el futuro de la bodega y del fogón de cada casa.

Qué dicen las partes

El gobierno, claro está, le echa la culpa al “bloqueo” de los americanos. Siempre ha sido el comodín cuando las papas queman y no hay dónde escurrir.

Pero los economistas, tanto los de aquí como los de allá, andan diciendo otra cosa. Apuntan al mismo corazón del problema: que si no se abren a la calle, que si todo es del estado, que si nadie invierte de verdad.

En resumen, unos dicen que es culpa de afuera, otros que es un dolor de cabeza de la casa que no se resuelve y nos tiene con la soga al cuello.

Qué viene ahora

Ahora lo que viene es la gran incógnita: ¿Seguiremos con la esperanza de que nos caiga un donativo del cielo o nos vamos a poner los pantalones largos a producir de verdad?

Las donaciones son como los parches en un barco que hace agua; te salvan un ratico, pero no arreglan el agujero gordo. No se puede vivir de lo que regalan, la economía necesita su propio sudor y esfuerzo.

Así que el camino es o buscar cómo generar la propia riqueza, modernizar lo que hay, o seguir en este vaivén de la olla que hierve y se apaga. Veremos si aprendemos a caminar sin muletas y con los pies en la tierra.

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