¡Tremendo novelón en la Aduana! ¿Libros que fuman?
En la Aduana de La Habana, un viajero intentó sacar más de 4.000 sellos de tabaco, ¡escondidos dentro de libros! Un bochinche de película con olor a puro.
Qué pasó
¡Oye esto pa’ que veas el último invento que se montaron! La Aduana General de la República de Cuba, en uno de sus chequeos rutinarios, le cayó encima a un tremendo tinglado.
Resulta que en el Aeropuerto Internacional de La Habana, un viajero, con más cara que espalda, estaba intentando sacar del país una pila de sellos de tabaco. ¡Y no era cualquier pila! Estamos hablando de más de cuatro mil, sí, has oído bien, ¡cuatro mil habilitaciones de marcas cubanas de tabaco!
Lo más pintoresco de la historia es el escondite. El tipo, con una creatividad de película, había ahuecado varios libros. Quítale las hojas de adentro y ahí metes el contrabando, ¡como si fuera una biblioteca secreta!
Las imágenes que salieron a la luz muestran los paquetitos de sellos bien envueltos, organizados dentro de los volúmenes, como si esperaran ser leídos. Pero ni todo el arte del mundo engañó a los aduaneros, que tienen el ojo afilado para estas cosas. El intento, aunque ingenioso, no pasó desapercibido.
Dónde y cuándo
La movida se destapó en el mismísimo Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. Fue durante un control de los de siempre, de esos que te hacen la vida un poquito más intensa cuando viajas.
La fecha para que lo anotes en el calendario de los bochinches fue el viernes 6 de febrero de 2026. A esa hora, un viajero, que ahora anda con un buen dolor de cabeza, estaba en plena faena intentando burlar las reglas.
William Pérez González, el vicejefe primero de la Aduana, fue el que soltó la sopa. Explicó que la técnica de los libros ahuecados es vieja, conocida por las autoridades, pero que siempre hay quien la intenta colar. Parece que la imaginación para el contrabando nunca descansa.
El ambiente, seguro, se puso tenso. No es todos los días que se descubre una biblioteca llena de puros camuflados. Una escena digna de un buen cuento de barrio.
Por qué importa
Este asunto de los sellos no es de juego, mi gente. Esos papelitos son como la cédula de identidad del tabaco cubano, que es un producto estrella, reconocido y deseado en el mundo entero.
Cada sello garantiza que el puro que tienes en la mano es auténtico, que no es una copia barata. Proteger estas habilitaciones es cuidar la reputación del tabaco de aquí y, de paso, al consumidor que paga por calidad.
Si esos sellos se van por la izquierda, abren la puerta para que cualquiera falsifique puros y los venda como si fueran auténticos. Imagínate el daño a la fama del tabaco de aquí y, más importante aún, a la economía del país.
La salida ilegal de estas habilitaciones no solo es contrabando, sino que es un golpe directo al mercado legal, a los productores, a las tiendas y a la imagen de Cuba. Por eso la Aduana le pone tanto empeño a estos casos, porque es un asunto de peso para la nación.
Qué dicen las partes
Por el lado de la Aduana, el mensaje es claro y contundente: esto es una acción en defensa de la seguridad fronteriza y la protección del comercio legal. Dicen que no hay truco que les pase por alto y que están para defender lo nuestro.
El vicejefe Pérez González dejó clarito que estos operativos son pan de cada día. Forman parte de controles permanentes que tienen para evitar que productos importantes, como el tabaco, salgan de manera ilegal o se presten a chanchullos que afecten el mercado regulado.
Las autoridades subrayan que están reforzando la vigilancia, combinando la tecnología más avanzada con la experiencia de sus oficiales en el terreno. Por eso, incluso los intentos más "creativos" para evadir la ley, como este de los libros, terminan al descubierto.
Del viajero implicado, bueno, él no ha dicho ni pío hasta ahora, ¿verdad? Pero la noticia es que el caso ya fue denunciado ante la policía, así que las explicaciones vendrán por otro lado y bajo otro ambiente.
Qué viene ahora
Ahora, el viajero este tiene un lío legal de los buenos. Se le ha abierto un proceso y tendrá que responder ante la ley cubana por el intento de contrabando. No es un simple susto, es un asunto serio con consecuencias.
La Aduana, por su parte, sigue con su tarea de vigilancia. Este decomiso es una muestra más de su compromiso inquebrantable para mantener la seguridad y proteger la industria nacional frente a actividades ilegales. No bajan la guardia, ni de noche ni de día.
Casos como este no son aislados; en los últimos tiempos, la Aduana ha intensificado sus revisiones y decomisos, no solo de tabaco, sino también de bebidas alcohólicas y otros productos de alto valor que alimentan el mercado negro. Es una guerra sin tregua.
Así que, atentos, que la película no ha terminado. Hay que seguirle la pista a estos bochinches que, aunque a veces suenen a cuento de calle, tocan cosas muy serias para el bolsillo, la imagen y el futuro de Cuba. La supervisión aduanera sigue siendo crucial en esta batalla contra lo ilícito.