¡Padre mete candela y dice que la dictadura no quiere a nadie!

El Padre Alberto Reyes no se calla y dice que en Cuba, el miedo no es un susto, ¡es el plato fuerte! La dictadura, dice, ni quiere ni protege a nadie, solo manipula. ¡A despertar, mi gente, que tenemos derechos!

Qué pasó

El Padre Alberto Reyes, el de Camagüey, el que no tiene pelos en la lengua, se ha soltado una de esas perlas que te hacen el día y la noche a la vez. Ha puesto el dedo en la llaga, como quien dice, en eso de cómo el miedo nos envuelve y hasta se hace pasar por obediencia.

¡Imagínate! Él dice que la gente, nosotros, necesitamos tres cosas para no rompernos por dentro: sentirnos queridos, estar seguros y tener un poquito de control sobre nuestra vida. Sin eso, el miedo es el que manda y nos hace levantar unas defensas que ni te cuento.

Y lo peor es que, de tanto protegernos, ¡uno termina sin saber quién es! ¡Qué drama, mi gente!

Dónde y cuándo

Esto lo ha soltado el Padre en su sección, esa que se llama “He estado opensando…”, que siempre nos trae la verdad clarita, sin rodeos. Él no está escondido, no; él está ahí, al frente, dando la cara.

La noticia nos llega un viernes 6 de febrero de 2026, así que es fresquecita, recién salida del horno. Como el chismecito caliente que te cuenta la vecina en la cola del pan, pero este es con fundamento.

Por qué importa

¿Por qué esto nos toca? ¡Ay, socio! Porque nos habla a la cara, a la barriga, al corazón. Este padre nos está diciendo que lo que nos pasa, esa falta de cariño de "arriba", esa inseguridad que nos tiene a todos con el alma en un hilo, ¡es real!

Cuando él dice que una dictadura "no ama a sus hijos", ¡está explicando por qué uno se siente como si viviera en un corral ajeno! Los sueños, las ganas de uno, ¡todo se va por la alcantarilla por culpa de la manipulación! ¡Es un abuso, compadre!

Qué dicen las partes

Bueno, aquí el Padre Alberto es la voz cantante, la que grita desde el balcón. Él no está trayendo chismes de pasillo, no. Está poniendo en palabras lo que muchos sentimos y no nos atrevemos a decir ni en susurros.

Él cuenta que la gente del gobierno, o sea, los que mandan, nos controlan y nos usan, pero ¿amar? ¡Ni de broma! Y la seguridad, ¿cuál seguridad? ¡Si todo el mundo vive con el susto en el cuerpo, hasta los que están con ellos!

Dice que no hay justicia, que no hay donde agarrarse, y por eso el miedo se nos mete en los huesos y lo heredamos como una maldición. La gente, de puro susto, se hace la obediente, repite consignas y se traga sapos.

Qué viene ahora

Ahora, dice el Padre, viene la hora de la verdad. La hora de decidir si seguimos con la careta puesta, haciendo como que no pasa nada, o si nos quitamos la venda de los ojos y decimos: "¡Hasta aquí llegó el miedo!"

Él nos invita a despertar, a recordar que tenemos derechos. ¡Derechos a vivir sin miedo, a escoger nuestro propio camino y a montar un país donde nos traten como personas! Al final, la cosa es esa: ¡tenemos derecho a vivir sin que el miedo nos mande! Y solo con decir eso, ya uno se siente un poquito más libre.

Más noticias