¡México manda barcos a Cuba! ¿Será pa'l pueblo o pa'l fiestón de los de arriba?
Dos barcos de México llegaron a Cuba con ayuda, pero la congresista María Elvira Salazar prende la alarma: ¿llegará a la gente o se la traga la cúpula del poder?
¿Qué pasó?
¡Oye esto pa’ que veas el bochinche! Dos barcos de la Armada de México llegaron a La Habana, cargados con más de 800 toneladas de comida y cosas básicas. La idea es aliviar la tremenda crisis que azota a la isla.
Pero mira tú, la congresista María Elvira Salazar, que no se le va una, saltó al momento. Ella puso el grito en el cielo, advirtiendo que esta ayuda puede que no llegue adonde tiene que llegar: al pueblo. ¡Se armó el dilema!
¿Dónde y cuándo?
Fue un jueves de estos, hace nada, que esos dos gigantes mexicanos atracaron en el puerto habanero. La Secretaría de Marina de México confirmó el envío, insistiendo que es un gesto de solidaridad para aliviar la escasez y los apagones.
El embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez, estaba que no cabía de la alegría. En su X publicó que la ayuda "muy pronto" estaría en manos de la población. ¡Un optimismo que a algunos les suena a música celestial, te lo juro!
¿Por qué importa?
Esto importa, ¡y cómo! La gente aquí no aguanta un día más sin lo básico: comida, luz, las cosas más simples. La pregunta del millón es si esta ayuda realmente va a cambiarle el día a la gente de a pie, la que sufre de verdad.
La gran preocupación, y no es cuento, es que estos cargamentos terminen en almacenes VIP o sirviendo de banquete a los que tienen el sartén por el mango. Si se desvía, sería como echarle sal a una herida abierta, ¡un descaro!
¿Qué dicen las partes?
Por un lado, Salazar no se anduvo con chiquitas. Dijo claro que si la ayuda va directo al gobierno cubano, es como dársela a un ladrón. “Nada que se envíe directamente a la dictadura lo verá el cubano promedio”, sentenció en su X.
Para ella, esa comida acabaría “en hoteles y en las mesas de los represores”. Y fue más allá, advirtiendo que ayudar al régimen no es ayudar al pueblo, sino hacerse “cómplice de una tiranía asesina”. ¡Así de fuerte, mi gente!
Del otro lado, el embajador cubano en México, como te conté, estaba celebrando a lo grande. Agradeció y prometió que todo llegaría rapidito. Mientras tanto, las autoridades cubanas, de momento, han guardado silencio sobre el reparto.
¿Qué viene ahora?
Ahora viene la parte interesante, la de sentarse a ver qué pasa. La bola está en la cancha de los que tienen que distribuir todo esto. ¿Serán transparentes? ¿Habrá cámaras? ¿O se lo tragan en silencio como tantas otras veces? ¡Esa es la incógnita!
Hay que estar con los ojos bien abiertos. Porque si esta ayuda no se ve en la calle, en las mesas de la gente que la necesita de verdad, el cuento va a ser otro bien diferente. La esperanza es lo último que se pierde, ¡pero el ojo cubano, ese no descansa!