¿¡Guantánamo volvió al tiempo de las carretas para hacer pan!? ¡Amasando a puro ñeque!

Guantánamo se las ve duras: la crisis energética tiene a la provincia horneando pan a leña y amasando a mano. ¡La gente de la oficina ahora está con las manos en la masa y el pan llega en bicitaxi!

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas: Guantánamo, nuestra provincia más oriental, está en un punto que ni la abuela recordaba. Se han metido en un túnel del tiempo, ¡pero para atrás!

La culpa la tiene la crisis de la corriente y la gasolina, que los dejó sin opciones. Ahora, para que no falte el pan de cada día, están usando métodos de la prehistoria, o casi.

Es un retroceso que nadie vio venir, ¡y menos en pleno siglo XXI!

Dónde y cuándo

Esto no es cuento de la otra punta del mundo, no. Esto está pasando ahora mismo en Guantánamo, la punta más al oriente de nuestra Cuba.

Con la escasez apretando y el apagón bailando el cha-cha-chá, las panaderías, esas que estaban con un pie en el futuro, tuvieron que desempolvar los hornos de leña que estaban guardados.

¡Imagínate! De un día para otro, la maquinaria moderna se quedó callada y el sudor de la gente comenzó a correr a chorros. ¡Pura improvisación!

Por qué importa

¿Y por qué nos pica a todos? Porque si pasa en Guantánamo, ¿quién dice que no llega a tu cuadra? El pan es la comida de batalla, el que no falta en la mesa.

Si para hacerlo hay que volver al tiempo de las cavernas, es que la cosa está fea, ¡pero fea de verdad! Esto significa que hasta el oficinista con su camisa almidonada terminó con las manos en la masa.

La vida de la gente cambia de golpe, y lo que parecía cosa del pasado, ahora es el presente más crudo.

Qué dicen las partes

Las autoridades de la provincia, claro, se las dan de serios y dicen que "todo bajo control", que hay medidas sanitarias "estrictas" para que no haya sustos.

Pero a buen entendedor, con el polvo volando, el calor apretando y tantas manos tocando el pan, la verdad es que la teoría y la práctica se están dando una patada.

Además, el pan no es el mismo, la gente comenta. Entre harinas de dudosa procedencia y el apuro, el pancito ya no es lo que era, afectando directamente la calidad del producto final.

Qué viene ahora

¿Y qué se espera de todo esto? Pues la gente está con el ojo pelado, a ver si esto es pasajero o si nos vamos a acostumbrar a ver los bicitaxis y carretas cargados de pan como si fuera lo más normal.

La situación pinta para largo, y lo que está claro es que la resiliencia guantanamera está en prueba. Toca esperar para ver si se encienden las luces o si el fuego de la leña sigue alumbrando el camino.

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