¡La rumba está de luto! ¿Quién le va a poner ahora el tumbao a los ángeles? ¡Se nos fue Aspirina!
Cuba despide a Luis 'Aspirina' Chacón, leyenda de la rumba, percusionista, bailarín y maestro. Su muerte el 10 de febrero en La Habana deja un vacío en el folclore afrocubano.
Qué pasó
¡Prepárense, que esto es de los que pinchan el alma! La rumba cubana está de duelo, y no es para menos. Se nos fue Luis Chacón Mendivel, ese grande que todos conocíamos como Luis “Aspirina”. Se fue el pasado 10 de febrero, dejando un hueco inmenso en el tambor y en el corazón de esta isla.
Era de los completos, ¡de esos que ya no quedan! Percusionista que le sacaba el alma a cualquier cuero, cantante que te erizaba, bailarín que te encandilaba, coreógrafo con chispa, compositor con sabor y maestro de maestros en el folclore afrocubano. ¡Un fenómeno, de verdad!
Dónde y cuándo
Fue aquí mismo, en La Habana, donde este rumbero de pura cepa dio su último aliento. El calendario marcó el 10 de febrero de 2026 como el día en que su quinto se quedó en silencio. Guanabacoa lo vio nacer, pero Regla también lo sentía suyo, ¿sabes?
Aspirina caminó por escenarios grandes y por los patios donde se hace la rumba de verdad. Desde que era un jovencito, en los años 50, ya le estaba dando duro al tumbador con la orquesta del mismísimo Enrique Jorrín. ¡Imagínate esa rumba!
Por qué importa
Mire, esto no es un chismecito de poca monta; esto es un golpe a la médula de nuestra cultura. Aspirina no era uno más, era de la estirpe de los “Aspirina”, ¡los fundadores de la rumba! Su partida nos recuerda el valor de esos viejos que mantienen viva la llama de lo nuestro.
¿Por qué la gente habla? Porque un maestro como él no nace todos los días. Fue de los primeros que en el 61 llegó a la Escuela Nacional de Arte para enseñar lo nuestro, y después, ¡en el 62!, fue de los que parió el Conjunto Folklórico Nacional. O sea, ¡un pilar, un cimiento de lo que somos!
Qué dicen las partes
La gente del palo, los músicos, los bailarines, todos están con el corazón encogido. Rosa Marquetti, que sabe un mundo de estas cosas y es filóloga e investigadora, siempre lo tuvo como uno de los grandes. Dicen que era de los rumberos más completos de su tiempo, ¡y no se equivocan!
Los que lo vieron tocar el quinto, los que lo vieron bailar un yoruba o un abakuá, saben que su dominio no tenía rival. Era pura autenticidad, un líder natural que con solo mirar ya estaba enseñando. Su legado no es cuento, está en cada tambor que suena por ahí.
Qué viene ahora
Ahora lo que viene es seguir escuchando sus grabaciones, viendo los documentales que le hicieron y, sobre todo, que la juventud coja el testigo. Su huella no se borra, está en sus alumnos, en su familia, y en cada nota de esa rumba que él tanto amó y defendió.
La rumba sigue, sí, pero con un sabor diferente. Nos toca a todos mantener vivo ese fuego que Aspirina encendió y mantuvo ardiente. Hay que seguirle la pista a su legado, ¡que es una joya!