¡Ay, mi madre! ¿Niños respirando tufo en sala de hospital? ¡Qué bochorno!
Un escándalo en Santa Clara: niños enfermos en el hospital pediátrico entre aguas sucias, basura y un abandono que da pena y alarma a las madres.
Qué pasó
Oye esto pa' que veas qué cosa más grande está pasando en Santa Clara. Imagínate que en una sala de hospital, donde los niños deberían curarse, están respirando más porquería que aire fresco. Es un verdadero desastre, una cosa de no creer.
Resulta que en la sala respiratoria de un pediátrico, un cubículo tiene un salidero constante. ¡Agua sucia mezclándose por el piso! Las madres, que ya están con el alma en un hilo por sus chiquitos enfermos, tienen que andar con miedo a resbalar. Es una falta de respeto.
Y si eso fuera poco, al lado hay un muladar. Basura por todas partes, suciedad acumulada, como si nadie se acordara de que ahí hay pacientes. Lo peor es que el lavamanos está tupido, así que ni las manos se pueden lavar. ¡En una sala donde la higiene es la vida o la muerte!
Para colmo de males, el cuento dice que un mecánico, en vez de buscar ayuda, les pidió a las propias madres, cansadas y angustiadas, que se pusieran a fregar. ¿Tú me entiendes? ¡A fregar el desastre que el Estado no atiende! Es para ponerse bravo de verdad.
Dónde y cuándo
Esto está pasando ahora mismo en el mismísimo Hospital Pediátrico Infantil de Santa Clara, específicamente en la sala B, la de afecciones respiratorias. La denuncia llegó el 11 de febrero de 2026 y describe una situación que lleva tiempo. No es un día, es una rutina de abandono.
Ahí, entre paredes que se caen y pisos mojados, los niños con asma y otras dolencias luchan por respirar. Un bebé de menos de un año, por ejemplo, está expuesto a todo este riesgo, cuando lo que necesita es un ambiente estéril.
El ambiente es pesado, lleno de un olor que uno no quisiera ni imaginar, y la tensión de las madres es palpable. Se respira una mezcla de humedad, enfermedad y una impotencia que duele.
Por qué importa
Esto es grave porque le cae arriba a lo más sagrado: nuestros niños. Cuando un hospital pediátrico, que debería ser un templo de salud, se convierte en un foco de infección, estamos hablando de un colapso. Y este no es cualquier derrumbe, es el de la decencia y la responsabilidad.
Importa porque el “sistema de salud” que tanto se pregona, ese de la “potencia médica”, se está desmoronando a la vista de todos. No es solo falta de medicinas o equipos, es que lo básico, la limpieza, el mantenimiento, la dignidad, brilla por su ausencia. Es una bofetada a la cara de cualquier familia cubana.
Cuando las madres tienen que limpiar lo que el Estado no limpia, algo está roto en lo más profundo. Esto afecta a la vida real de los más vulnerables y deja una marca de amargura y desconfianza.
Qué dicen las partes
Pues mira, la verdad es que, hasta el momento, lo único que se oye es un silencio de tumba. Nadie ha dado la cara. Ninguna autoridad ha salido a explicar semejante vergüenza.
Mientras tanto, la gente de la calle, las madres que están sufriendo, hablan. Sus testimonios son los que gritan la verdad que los micrófonos oficiales prefieren callar. Es el pueblo contra el muro de la indiferencia.
El discurso oficial sigue hablando de logros y victorias, pero la realidad de estos niños y sus familias es el verdadero reportaje. Unos dicen una cosa, pero la sala B del pediátrico de Santa Clara cuenta otra muy diferente.
Qué viene ahora
La cosa pinta fea, mi gente. Si no se toman medidas urgentes, y de verdad, la situación solo puede empeorar. Estos salideros y la basura no se van a desaparecer por arte de magia. Otros niños seguirán cayendo en la misma trampa.
Lo que queda ahora es esperar a ver si, por casualidad, a alguna autoridad le da por mirar de frente este desastre. Pero la experiencia dice que estas cosas, a menudo, se quedan en el aire, como el tufo de la sala. Hay que seguir de cerca este bochorno, porque el precio lo pagan los chiquitos.