¡Arleen, la que defiende al gallo, le da con to' a la cubanada!
La periodista Arleen Rodríguez defendió el discurso de Díaz-Canel, atacando a medios críticos y acusándolos de "guerra psicológica". Un bochinche para no perderse.
¿Tú supiste el lío que armó Arleen?
Pues mira, la Arleen Rodríguez Derivet, esa que es más pegá' a la Presidencia que guayabera a plancha, salió a darle con todo. No fue pa' menos, salió a defender al mismísimo Díaz-Canel, después de que el presidente echara su discurso el otro día.
La cosa es que no solo lo defendió, sino que aprovechó pa' darle un buen pellizco a to' esos medios que, según ella, andan criticando al gobierno. ¡Dijo que eso era pura "guerra psicológica"!
¿Y esto dónde fue y a qué hora?
El bochinche empezó justo después de que Díaz-Canel terminara de hablar. Fue un jueves, y el viernes ya Arleen estaba en candela.
Lo hizo desde la cuenta de Facebook de su podcast, ese que se llama "Chapeando". Ahí, con el teclado echando humo, salió a aclarar lo del reloj que marcaba una hora diferente en la tele, que si no fue en vivo, que si patatín, que si patatán.
¿Y por qué nos tiene que importar este chismecito?
Ahí está el detalle, mi gente. Esto no es solo un pleito de comadres. La cosa es que el gobierno está sintiendo la presión y el descontento de la gente. Esta "defensa a la ultranza" de Arleen es como cuando el perro está acorralado y ladra más duro.
Es la forma que tienen de decir: "Aquí no pasa nada", mientras por dentro andan con los nervios de punta. Muestra cómo quieren tapar el sol con un dedo, y la gente ya está con la vista puesta en otra parte.
¿Y qué dice cada uno en este zafarrancho?
Por un lado, Arleen y la gente del gobierno juran que Díaz-Canel es un "estadista" que no le teme a las broncas. Dicen que su discurso fue una luz en la oscuridad, lleno de esperanza y con la frente en alto. ¡Que la rendición no es una opción, tú sabes!
Pero por el otro lado, la calle y los que no se tragan el cuento dicen que ese discurso fue más tieso que un bacalao seco. Que no resolvió nada, que estaba más que pregrabado y que no convenció a nadie. ¡Que la gente esperaba soluciones y le dieron más de lo mismo!
¿Y ahora qué nos espera con todo este relajo?
Pues mira, la cosa no creo que se calme así por así. Los de arriba seguirán apretando con su propaganda, y los de abajo seguiremos con el ojo pelao. La credibilidad de los mensajes oficiales está en la cuerda floja, como ropa tendida con brisa fuerte.
Lo único claro es que el descontento sigue ahí, cocinándose a fuego lento. Habrá que ver quién cede primero o si la cosa sigue en esta cuerda floja. ¡Esto es como novela, pero de la vida real!