¡Apagón kilométrico! ¿Cuba se está cocinando a la leña?

La isla entera se ahoga en apagones larguísimos y la gente ya no sabe ni cómo hervir un huevo. La vida en Cuba se ha vuelto un eterno dilema de si habrá luz o no.

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas, ¡la cosa está que arde en Cuba, pero no precisamente por el sol! La isla está metida en un berenjenal de apagones que no tienen fin, dejando a la gente a oscuras por horas y horas. No es un decir, la corriente se va como si fuera agua, dejando a todo el mundo con las manos en la cabeza y sin saber qué hacer con la comida en la nevera.

Es una situación que ya está grabada en la piel de los cubanos, donde hasta el 64% del país se queda sin luz justo cuando más se necesita. Es la historia de nunca acabar: la electricidad llega a cuentagotas y las familias luchan contra el reloj para poder hacer lo más mínimo.

Dónde y cuándo

Esto no es un chisme de una esquina, mi gente. Estamos hablando de Cuba entera, desde Santiago hasta Pinar del Río, en pleno febrero de 2026, donde la gente vive con la vela en la mano. Los testimonios se riegan por las redes, mostrando la cara de frustración de la gente, que ya no aguanta más.

Imagina el ambiente: el calor que no da tregua, los ventiladores parados, el ruido de los generadores que no arrancan o la ausencia total de ellos. La vida se vuelve una coreografía complicada alrededor de cuándo va a llegar la luz, aunque sea por un ratico.

Por qué importa

¿Y por qué todo este bochinche es importante? ¡Pues porque esto no es solo apagar un bombillo! Esto le cae encima a la gente en lo más básico. ¿Cómo cocinas si no hay corriente? ¿Cómo guardas la carne si la nevera no funciona? Es un golpe bajo para la comida, para el agua, para ir al médico y hasta para montarse en la guagua.

Es que cuando la luz falla, se viene abajo una cadena entera de cosas que uno da por sentado. La vida cotidiana se convierte en una carrera de obstáculos, donde cada decisión depende de si el cable va a dar la señal o si el corte va a durar otra eternidad.

Qué dicen las partes

Aquí cada cual tiene su cuento. La gente en la calle se desahoga, contando sus penurias con la falta de electricidad y cómo eso les cambia el día a día. Por otro lado, hasta la Embajada de Estados Unidos en La Habana ha puesto el grito en el cielo, advirtiendo que los apagones no solo dejan a oscuras, sino que también afectan el agua y la refrigeración.

Muchos culpan la escasez de combustible que tiene a las plantas eléctricas en el purgatorio, y de paso, las sanciones internacionales que complican que llegue lo que hace falta. Es un enredo donde unos señalan a la falta de recursos y otros a los problemas de siempre.

Qué viene ahora

Ahora, la pregunta del millón es: ¿y esto pa’ dónde va? El panorama está más oscuro que las noches sin luna. No hay señales claras de que la cosa vaya a mejorar de la noche a la mañana, y la gente vive con el alma en un hilo, sin saber cuándo volverán a tener algo de normalidad.

Lo que sí está claro es que la crisis energética es el tema de conversación en todas las esquinas. Habrá que seguir con el oído pegado a la radio bemba para ver qué nuevos episodios nos trae esta novela de la corriente que se va y no quiere volver.

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