¡Trump y el apagón le aguaron la fiesta al turismo cubano!

La Habana se apaga: el turismo en picada, con Airbnb y hoteles vacíos. Anfitriones culpan a las decisiones de Trump y los apagones que golpean la isla. La fiesta se acabó.

Qué pasó

¡Ay, mi gente, la cosa está que arde en La Habana! Parece que la rumba turística, esa que trae la alegría y el billete, cogió un resbalón tremendo. Marco Alonso, un anfitrión de Airbnb, lo soltó sin pelos en la lengua al The Irish Times: “Cuando hablo con clientes, todos cancelan y mencionan a Trump”.

Esto es un bochinche que afecta a todo el mundo. Desde los hoteles grandotes del gobierno hasta las casitas particulares, todos están viendo cómo el negocio se va a pique. La ciudad, que debería estar llena de gente gozando, ahora parece un pueblo fantasma, con los alojamientos más vacíos que nevera en quincena.

Dónde y cuándo

Imagínense, La Habana, la capital de esta isla, en plena temporada alta del 2026. El sol afuera rajando, y sin embargo, los vestíbulos de hoteles emblemáticos como el Raquel están más oscuros que boca de lobo, con un solo guardia aburrido cuidando la soledad.

La razón principal es la falta de combustible, esa que tiene a más de dos docenas de hoteles estatales echando el cerrojo de forma temporal. Por la noche, las calles principales lucen tan apagadas que parecen de otro tiempo, y la gente se lo piensa dos veces antes de salir a la aventura.

Por qué importa

Este problema no es cuento de camino, mi gente. Aquí hay más de 300,000 almas que dependen, directa o indirectamente, de que el turismo se mueva. Piensen en los choferes de los almendrones clásicos, en los dueños de paladares y casas de renta, en los guías que saben hasta el último chisme de la ciudad... todos están con los bolsillos más pelados que rodilla de chiquillo jugando.

Recordamos bien aquellos años gloriosos del deshielo, entre 2015 y 2016, cuando muchos se llenaban los bolsillos, ganando cientos de dólares diarios. Hoy, algunos pasan días enteros sin que les caiga un solo cliente. Y para el que viene de fuera, la experiencia se está echando a perder: transporte irregular, calles oscuras y hasta vuelos que se cancelan por falta de combustible. ¡Un verdadero desastre, oiga!

Qué dicen las partes

Marco Alonso, el anfitrión de Airbnb que dio la cara, no se anda con rodeos. Sus clientes, según él, le sueltan que las cancelaciones son directamente por las decisiones de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Se comenta por lo bajo que estas medidas están afectando especialmente el suministro de combustible a la isla.

Mientras la gente de a pie lo sufre, el Gobierno cubano anda anunciando planes de ahorro energético. Pero la realidad es otra en las casas, donde la nevera sigue vacía y la casa a oscuras por los apagones constantes. Aquí hay un tira y encoge entre lo que se dice y lo que se vive.

Qué viene ahora

El panorama para el futuro inmediato del turismo cubano, la verdad, no pinta nada bien. El sector privado, ese que con tanto esfuerzo se levantó y se convirtió en el motor de la economía popular, está contra las cuerdas, sin saber qué hacer.

Las cancelaciones no paran de llegar, y cada día que pasa, la incertidumbre es más grande que el malecón en un ciclón. La Habana, que antes era sinónimo de fiesta y alegría, ahora espera con las luces bajas, con la esperanza de que la música vuelva a sonar, o al menos, que llegue la luz para encenderla.

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