¡Tremendo tambor se apagó! La rumba llora a su capitán, Amado Dedeu

La rumba cubana está de luto: Amado Dedeu, el maestro del tambor y director de Clave y Guaguancó, se nos fue y dejó un vacío grande en el son de la calle. ¡Qué golpe!

Qué pasó

¡Oye esto pa’ que te caigas de espaldas! Se nos fue un grande, un peso pesado de la rumba cubana, el mismísimo Amado de Jesús Dedeu Hernández. De repente, la calle se quedó sin un tambor de esos que te hacen mover el esqueleto hasta sin querer.

Era el director, el que le metía a la percusión como nadie y el vocalista que ponía a todo el mundo a guarachar. Era un referente, un pilar que sostenía la rumba y nuestra cultura, y ahora el silencio pesa.

Dónde y cuándo

Este chisme, que no es chisme sino tremenda verdad, nos llegó el 15 de febrero de 2026. La Habana, nuestra capital, vio partir a este maestro. Dicen los de la Empresa de la Música y los Espectáculos "Ignacio Piñeiro" que fue por la madrugada, o al menos eso parece.

Amado Dedeu, que había nacido el 8 de noviembre de 1945 en esta misma tierra, dedicó toda su vida a que la rumba no se perdiera, a que sonara duro y a que todo el mundo supiera lo que era.

Por qué importa

¡Coño, si no va a importar! Amado Dedeu no era un músico cualquiera. Fue de los que fundaron el legendario Clave y Guaguancó en el 82, una agrupación que se volvió la bandera de la rumba por aquí y por todo el mundo. Su nombre es sinónimo de rumba, de esa de verdad, sin inventos.

Además, no solo tocaba, sino que enseñaba. Formó a un montón de gente, a generaciones enteras que hoy siguen su legado. Y pa’ colmo, ¿te acuerdas de "La Rumba Soy Yo"? Esa joya del 2001 que se llevó un Grammy Latino, ¡él estaba ahí, protagonizando el relajo! Esa no fue solo una producción; fue el premio a décadas de sudor y puro arte. Es como si se apagara un fogón donde se cocinaba lo más rico de Cuba.

Qué dicen las partes

Bueno, la gente de la cultura en Cuba está que no se lo cree. La noticia la soltó la Empresa de la Música, y desde entonces no se habla de otra cosa en los patios y las esquinas rumberas. Los que lo conocieron, desde el músico más veterano hasta el alumno más joven, solo tienen palabras de respeto y admiración.

Cuentan que era un hombre de disciplina, con una pasión que no se le acababa nunca. Y el cariño que le tenían, ¡ni hablar! Era de esos que inspiran y dejan huella, un tipo que se ganó el corazón de todo el que vibró con su tambor. Nadie ha dicho una palabra mala, solo el lamento por la partida.

Qué viene ahora

Ahora lo que viene es extrañarlo, claro está. Pero como dice el dicho: "el que muere no se va, vive en el corazón de quien le da vida". El legado de Amado Dedeu es tan grande, que no se va a perder así por así.

Seguro que en cada toque de tambor que se sienta en la isla, en cada coro de guaguancó que arranque en cualquier esquina, estará latiendo su espíritu. La rumba tiene un camino trazado por él, y ahora nos toca a todos seguir manteniéndola viva, como él quería. Su nombre se seguirá gritando, ¡porque "la rumba eres y serás tú"!

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