¡Tremendo revolú! El azúcar se fue y nos dejó con los apagones en la mano
La industria azucarera cubana, que antes era una potencia, está en ruinas, lo que ha provocado apagones constantes. Una profesora lo llama un "crimen de lesa economía", con gran potencial energético sin aprovechar.
Qué pasó
¡Oye esto pa' que veas! La cosa está que arde en Cuba, y no por el sol, sino por los apagones que tienen a la gente con la lengua afuera. Y en medio de todo este bochorno, sale una profesora, Alina Bárbara López, y suelta la bomba: dice que la destrucción de la industria azucarera, esa que fue la columna vertebral de nuestra economía, ¡es un "crimen de lesa economía"!
¡Imagínate! De ser el pulmón energético de la isla, usando el bagazo para dar luz, ahora estamos con las velas prendidas y el transporte paralizado. Y para colmo, el presidente Díaz-Canel se apareció en la tele para hablar de "percepción" y culpar a los de afuera. ¡Como si la gente no sintiera el calor y el guiso frío en la mesa!
Dónde y cuándo
Esto no es cuento, mi gente, ¡esto pasó de verdad y sigue pasando! Fue el 5 de febrero de 2026. La Habana estaba a oscuras, con apagones de hasta doce horas que te hacían sudar hasta la última gota. Y si querías salir, ¡prepárate!, porque el 93% de las guaguas y almendrones estaban en punto muerto. ¡Un sal pa' fuera a pie o a pie!
En ese mismo instante, mientras el pueblo echaba chispas, el presidente salía en la televisión. Pero no era para un debate candela, no. Era un "monólogo propagandístico", como dice Alina, con solo los medios oficiales al pie del cañón, sin preguntas incómodas ni números claros.
Por qué importa
Mira, esto importa un mundo porque el azúcar no era solo dulce para el café. Era la vida, el motor de la nación. Esa industria, que hasta generaba el 9.6% de nuestra electricidad en 1991, podía darnos ¡hasta 32.832 GWh con tecnología moderna! ¿Te imaginas? ¡Adiós apagones!
Pero no, vino la famosa "Tarea Álvaro Reynoso" en 2002 y pum, ¡a la basura! Cerraron 71 de 156 centrales, desmantelaron calderas, vendieron turbinas como chatarra y dejaron más de un millón de hectáreas de caña a que se las tragara el marabú. ¡Más de 200 mil trabajadores se quedaron en el aire!
Ahora, en vez de exportar azúcar, ¡la estamos importando de Estados Unidos! ¡Millones de dólares que se van mientras aquí lo que sobra es marabú y falta comida!
Qué dicen las partes
Díaz-Canel dice que el déficit energético es "controlable" y que la crisis es una "percepción" creada por el yuma. Habla de la biomasa como la salvación, ¡pero sin calderas, sin turbinas, sin gente que sepa! Es como querer hacer un arroz con pollo sin gallina ni caldero.
Alina Bárbara López, por su parte, no se calla y dice que el discurso del presidente es un "conjuro vacío". Que de qué biomasa habla si lo que había para convertirla en energía fue desmantelado, vendido por un plato de lentejas y reemplazado por puras palabras bonitas.
Manuel Moreno Fraginals ya había contado la historia gloriosa de nuestra azúcar. Hoy, esa historia se ve en campos llenos de marabú, pueblos fantasmas y centrales que parecen esqueletos oxidados. Es la historia de cómo se destruyó no solo una industria, sino un legado.
Qué viene ahora
Y entonces, ¿qué nos espera ahora? Las medidas que anuncian suenan a lo mismo de siempre, a los mismos fracasos de la planificación que ya conocemos. Es el cuento de nunca acabar: anuncian, fracasan, y vuelta a empezar. ¡La misma novela de siempre!
La biomasa está ahí, por todos lados, esperando que alguien la use, pero no hay sistema, no hay visión. Lo que se ve es el resultado de decisiones políticas donde la ideología pesó más que el sentido común. Y la gente, mi gente, somos los que pagamos la cuenta.
Se destruyeron cuatro siglos de historia, millones de vidas y la última oportunidad de Cuba de convertir su pasado dulce en un futuro energético. ¡Y ahora, a seguir con los apagones, mientras el potencial se pudre bajo el sol!