¡No hay gasolina ni pa' la ambulancia! ¿Y ahora quién se salva del palo?
En La Habana, la escasez de combustible ha paralizado ambulancias, causando la muerte de al menos dos personas. La crisis energética golpea duro, mientras el pueblo clama por soluciones.
Qué pasó
¡Oye esto pa’ que veas, que la cosa está que explota y no es por el calor del mediodía! En nuestra querida Habana, esa que siempre tiene un bochinche nuevo, la escasez de combustible ha causado una desgracia de las grandes. Se rumora con tristeza y enojo que al menos dos personas han perdido la vida por este descaro.
¿La razón, mi gente? Pues miren, las ambulancias, esos carros que tienen que volar bajito para salvar una vida, se han quedado varadas, secas, sin una gota de gasolina. No pudieron llegar a tiempo, dejando a los enfermos a su suerte en el momento más crítico. Esto es una patada en el hígado para cualquiera, una manifestación cruda de la crisis energética que nos tiene a todos con el agua al cuello.
Dónde y cuándo
Este drama, que te corta la respiración, no es una historia de hace años ni de un pueblo perdido. Está pasando ahora mismo, en la capital, en La Habana. La noticia, que ya corre de boca en boca como pólvora, se centra en sucesos recientes, aunque la fuente original marque un momento específico en 2026, el sentir es que es el pan nuestro de cada día.
Imagínense el ambiente en las colas, en las esquinas, el olor a frustración que se pega en el aire. No es solo un problema de números o estadísticas frías; es la angustia real de familias que vieron cómo sus seres queridos no pudieron recibir atención médica a tiempo. La desesperación, el reloj que no perdona, y la vida escapándose por un tanque vacío. ¡Es para volverse loco!
Por qué importa
¡Ah, pero esto no es un chismecito cualquiera para pasar el rato! Esto le cae encima a cualquiera, sin distinción. Piensen en el abuelo que necesita ir al médico, el niño con fiebre alta, o cualquier vecino que de repente tenga una urgencia. La salud de todos, la vida misma, está en jaque por este faltante de combustible que nos golpea a diario.
El investigador Julio González Pages, que no se muerde la lengua, nos lo dijo claro: esto no son casos aislados. Por esta misma razón, muchos comercios han tenido que echar el cierre, y los centros de asistencia para personas mayores están en las últimas. Nuestros viejitos, esos que tanto lo necesitan, se quedan solos, sin poder moverse, sin luz, y a veces hasta sin agua. ¡Un desastre!
Y para colmo de los males y el colmo de la indignación, mientras el pueblo se come las uñas buscando un poquito de gasolina, los cuerpos de seguridad, como la policía, ¡tienen sus carros bien abastecidos! Como si la represión fuera más importante que el bienestar de la gente. ¡Díganme si eso no da una "indignación sabrosa" que te sube la presión!
Qué dicen las partes
Por un lado, la gente de a pie y los medios de por ahí están con la boca abierta, gritando y denunciando el problema. Cuentan los casos, los lamentos, las quejas. Mientras tanto, en la comunidad cubana en el extranjero, hay un tremendo debate: unos defienden que se le cierre el grifo del combustible a la Isla, otros se tiran al piso por los efectos tan brutales que esto tiene en los ciudadanos de a pie.
González Pages ya lo dejó bien clarito: la cosa es seria, no es para tomarla a la ligera. ¿Y las autoridades cubanas? Pues hasta ahora, ni pío. Silencio sepulcral, como si la cosa no fuera con ellos, como si no hubiera solución, mientras el desespero y el malestar en la calle crecen como la mala hierba.
Qué viene ahora
El panorama, mi gente, está más enredado que un cable de audífonos viejo. El mercado informal, ese que siempre busca la ventaja, ha disparado los precios de la gasolina por las nubes, ¡más de 3,000 pesos por un litro! Y en los Cupet, si tienes la suerte de que haya algo, te limitan a veinte litricos, para que nadie se mueva mucho y la cosa no se descontrole del todo.
La olla a presión está que silba y la tapa baila. Esto no es solo una crisis de energía, ¡qué va! Esto es una emergencia con mayúsculas que le está dando en la cabeza a la salud pública, a la ya maltrecha economía y a la poca estabilidad social que queda en el país. Hay que estar mosca, con los ojos bien abiertos, porque este bochinche, este drama de la vida real, no ha hecho más que empezar. ¡Amanecerá y veremos!