¿Mandaron a morir a un 11J a su casa pa' no cargar con el muerto?
Luis Miguel Oña Jiménez, preso del 11J, falleció tras ser excarcelado críticamente enfermo. La familia denuncia que lo soltaron para evitar su muerte en prisión.
Qué pasó
¡Oye esto pa' que veas qué bochinche! Luis Miguel Oña Jiménez, un muchacho de 28 años que cayó preso por las protestas del 11J, se nos fue de este mundo.
Pero la cosa no es tan sencilla. Parece que no murió tras las rejas, no. Lo excarcelaron justo cuando su salud estaba en las últimas, según el perfil "La Tijera".
La familia, con el dolor en el alma, clama a los cuatro vientos que fue una jugada del régimen. Lo soltaron, dicen, para no cargar con el muerto en la prisión.
Dónde y cuándo
Este muchacho, Luis Miguel, se pasó más de cuatro años metido en las cárceles de la Isla. ¿Su delito? Salir a la calle a gritar el 11 de julio de 2021.
Desde que lo detuvieron el 12 de julio de ese año, su salud se le fue en picada. No era un catarro, no, su cuerpo se fue deteriorando poco a poco.
Al final, le dio una isquemia cerebral que lo dejó guindando de un hilo. Ahí, dicen, fue cuando le dieron la "licencia extrapenal".
Lo llevaron al Hospital "Julio Trigo" un ratico, y de ahí, sin mucho miramiento ni la atención especializada que necesitaba, lo mandaron directo pa' su casa.
Por qué importa
Esto es como una patada en el estómago para cualquiera que tenga conciencia. Es una prueba clara, para muchos, de que al gobierno no le importa la vida de los que disienten.
La historia de Luis Miguel resuena por toda Cuba, y mucha gente se pregunta cuántos más presos políticos estarán pasando las mismas penurias en silencio.
Su muerte no es solo un caso aislado, es un símbolo de lo que puede costar levantar la voz en la Cuba de hoy. Mueve conciencias y calienta el ambiente.
Qué dicen las partes
La madre de Luis Miguel, Ivón Oña, no se muerde la lengua y lo grita con fuerza: "Lo enviaron a casa para que falleciera allí, sin el tratamiento que necesitaba".
Esta denuncia es un trago amargo. Pone en evidencia la precariedad médica y el aparente abandono que viven los presos políticos, tanto dentro como fuera de la cárcel.
Por supuesto, del lado oficial, ni pío. Silencio de radio, ni una declaración. Es la misma historia de siempre, como si el problema no existiera.
Qué viene ahora
El caso de Luis Miguel Oña Jiménez se suma a la lista, que ya es larga, de jóvenes del 11J que han pagado un precio altísimo por su participación.
Los organismos de derechos humanos y la comunidad internacional tienen los ojos puestos en esto. Pero, ¿será suficiente para que algo cambie?
Su muerte es un recordatorio amargo de las consecuencias de la represión. Deja en el aire una pregunta: ¿Quién más seguirá sufriendo en esta situación?