¿Comer o no comer en el hospital? Cubanos denuncian penurias en el INOR

Testimonio en redes sociales denuncia hambre, escasez y pésimas condiciones en el hospital cubano INOR, a pesar del esfuerzo del personal médico.

¡Oye esto pa' que veas!

Una vecina, Irina Diéguez Toledo, se desahogó en las redes contándonos el drama que vivió con un familiar en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) en La Habana. Y vaya que nos contó la cosa, que nos dejó con la boca abierta y el corazón apretao.

Resulta que su tío tuvo que ser ingresado para una evaluación, pero ¡zas! que no lo pudieron operar por problemas respiratorios. Y ahí empezó la novela, porque aunque el personal médico se fajó con todo, las condiciones del hospital parecían sacadas de otra película.

¿Dónde fue el bochinche y cuándo?

Todo este lío pasó en el mismísimo Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), en La Habana. La cosa fue hace poco, allá por finales de junio de 2026, en medio de apagones que no dejaban dormir y un calor que te hacía sudar la gota gorda.

Imagínate tú: pacientes y familiares pasando trabajo, sin poder descansar ni un poquito, mientras los mosquitos hacían de las suyas. Y encima, de la comida, ni hablar. La gente lo que comía era un pan con mantequilla y poco más.

¿Y a quién le importa este rollo?

Bueno, pues a todos los que sabemos cómo está la cosa en Cuba. Irina se pregunta por qué el gobierno, que tanto promete medidas 'salvadoras', deja a la gente en esta situación. ¿Hasta cuándo vamos a seguir sufriendo tanta indiferencia?

Esta historia importa porque nos recuerda que la salud es un derecho, y que las condiciones en los hospitales no pueden seguir así. La gente necesita atención digna, no pasar hambre y vergüenza.

¿Qué dicen las partes?

Por un lado, está el testimonio de Irina, que describe el hambre, la falta de agua, el calor insoportable y los apagones. Ella le da las gracias al personal médico, que se la rifa a pesar de todo, pero cuestiona duramente a los que mandan.

Por otro lado, los comentarios de la gente en las redes muestran que no está sola en esto. Otros cubanos comparten sus propias experiencias, demostrando que esta es una realidad que se repite. Hay solidaridad, pero también mucha frustración y dolor.

¿Y ahora qué?

Pues lo que queda es seguir de cerca esta situación. El testimonio de Irina ha puesto el dedo en la llaga, y ojalá sirva para que las cosas cambien de verdad en los hospitales cubanos. La gente no puede seguir pasando por esto.

Mientras tanto, queda la sensación de agotamiento y la pregunta de hasta cuándo durará esta pesadilla. Esperemos que pronto se vea la luz al final del túnel y que la salud en Cuba sea de verdad para todos.