¡Escándalo en Santiago! Niño se ahoga y ¿dónde estaba el doctor?
Un niño de seis años se ahogó en Santiago de Cuba y la gente está que trina. ¡En el policlínico no había ni un médico para atenderlo!
¿Qué pasó?
Imagínate tú el bochinche que hay ahora mismo en Santa María, allá en Santiago de Cuba. Un chamaquito de apenas seis años, Arxel se llamaba, se nos fue. Se ahogó en el río de la comunidad.
Pero lo peor de todo es que los vecinos y la familia están gritando a los cuatro vientos que esta desgracia se pudo haber evitado. ¡Tremendo lío!
¿Dónde y cuándo?
La tragedia ocurrió este sábado pasado, en el Reparto Santa María. El niño Arxel, inocente, estaba jugando en la orilla del río junto a otros niños.
De repente, en un descuido de esos que te parten el alma, cayó al agua y empezó a ahogarse. Los vecinos, con el corazón en la boca, reaccionaron al instante y lo sacaron del río con urgencia.
Lo llevaron de cabeza al policlínico más cercano. Pero, ¡ay, Dios mío!, ahí es donde el cuento se pone peor. No había ni un solo médico disponible para atender la emergencia. Se vivieron minutos que parecieron siglos, buscando ayuda, hasta que finalmente llegó una doctora. Pero ya era demasiado tarde: el niño ya no respiraba.
¿Por qué importa?
Esto es un golpe que duele en lo más hondo, mi gente. No es solo la pérdida de un angelito; es la rabia que la gente siente porque se pudo evitar.
La indignación en el reparto Santa María es palpable. Los vecinos no se explican cómo un centro de salud puede estar sin personal médico en momentos tan críticos. Dicen que es un problema que se repite, y que la ausencia de un médico costó una vida.
Es la confianza en el sistema de salud la que está por el suelo, y más cuando hablamos de proteger a los más vulnerables, a nuestros niños.
¿Qué dicen las partes?
Los vecinos, con la voz quebrada y el puño apretado, no paran de comentar: “Si hubiera habido un médico, hoy Arxel estaría vivo”. La gente culpa directamente a un fallo grave del sistema de salud pública.
Hablan de negligencia estatal, de cómo el sistema no está protegiendo a los más pequeños. Las familias, los amigos, todos han encendido velas y expresado una rabia sabrosa, pero justificada, por lo que consideran un acto imperdonable.
Hasta ahora, de las autoridades, ni una palabra oficial. Pero el pueblo, ese sí que habla y no precisamente en secreto.
¿Qué viene ahora?
La muerte de Arxel no es solo una herida abierta para su familia, es también un campanazo para la comunidad. Pone en evidencia la crisis sanitaria.
La gente espera que este dolor no sea en vano. Se espera una revisión del sistema de salud, que se tomen medidas de verdad para que una desgracia así no se repita. Hay que seguir de cerca qué pasará, porque el bochinche es grande y la indignación, más.