¡Escándalo! Las motos de la diáspora, ¡cocinándose al sol cubano!
Cientos de motos enviadas desde el extranjero están abandonadas al sol y la lluvia en aeropuertos cubanos, sufriendo demoras incomprensibles y deterioro, generando frustración entre las familias que esperan su llegada.
Qué pasó
¡Oye esto pa’ que veas! La calle está que arde y no es solo por el sol de agosto. Imagínate la escena: decenas de motos, recién llegadas de afuera, esperando su turno como si estuvieran en la cola del pollo, ¡pero a la intemperie!
Sí, como lo oyes. Las pobres máquinas, que con tanto sacrificio mandaron los de la diáspora para que los de aquí resolvieran su transporte, están ahí, dándole el pecho al solazo y a los aguaceros sin piedad, en vez de estar rodando.
Dónde y cuándo
Esto no es cuento de camino. Las imágenes que ruedan por las redes y la gente comenta a gritos son del Aeropuerto Internacional "Antonio Maceo Grajales" de Santiago de Cuba. Pero ojo, que esto es una plaga, porque en otros aeropuertos de la Isla la cosa es igualita.
Estamos hablando de un calvario que se repite cada día, bajo la candela del sol o el chaparrón. Las motos, ahí tiradas, mientras sus dueños se desesperan por semanas, meses, ¡y hasta años!, para poder cogerlas.
Por qué importa
¡Esto es un descaro! ¿Tú sabes lo que significa una moto en Cuba? Es la vida, la movilidad, el trabajo, llevar al chamaco a la escuela. Y cuando viene de afuera, es el fruto de mil sacrificios, de sudor ajeno que aquí se diluye entre papeleos y burocracia.
Cada moto que se pudre al sol es un reflejo de la impotencia y la rabia que siente la gente. Es un puente que se rompe entre el que ayuda y el que espera, dejando a miles de familias con el corazón en la boca y la guagua sin coger.
Qué dicen las partes
Oficialmente, la boca chiquita. Nadie da explicaciones claras. Pero la calle, esa sí que habla. La gente está que trina, compartiendo fotos y videos, dándole volumen al bochinche para ver si alguien se apiada o le da vergüenza.
Los cubanos que enviaron esas motos, y los que las esperan, gritan desde la distancia y desde la cola que esto no tiene nombre. Piden a gritos una solución, un poquito de humanidad y eficiencia, que no es tanto pedir.
Qué viene ahora
Pues, ¿qué va a venir? La esperanza es que el escándalo sirva de algo. Que la presión popular empuje a las autoridades a mover el trasero y agilizar estos procesos que parecen diseñados para torturar al ciudadano.
Mientras tanto, las motos seguirán allí, bajo el inclemente cielo cubano, como un símbolo mudo de la paciencia agotada y la necesidad urgente de cambiar las cosas. ¡A ver si se les ablanda el corazón o el sol las derrite antes!