¡Escándalo gordo en la prisión! ¿Ocho finados por un plato de comida?
Javier Larrondo denuncia que ocho presos murieron en Canaleta, Ciego de Ávila, tras brutal represión. Un motín por comida terminó en tragedia y gritos de libertad.
Qué pasó
Oye esto pa’ que veas, que la cosa está caliente y no es por el sol. El presidente de Prisoner Defenders, Javier Larrondo, soltó la bomba: ¡ocho muertos en la prisión de Canaleta, en Ciego de Ávila!
Dice que la cosa empezó cuando un muchacho preso, cansado del hambre, pidió comida. Y la respuesta, ¿cuál fue? Una golpiza de las buenas, tan salvaje que el pobre se quitó la vida.
Ahí la gente de adentro explotó, como ollas de presión. Empezaron a gritar “¡libertad!” y a soltarle de todo al presidente Díaz-Canel. Imagínate el bochinche que se armó.
Entonces llegaron las famosas “avispas negras”, esas brigadas que no se andan con chiquitas. Entraron a palo limpio para coger el control, sin piedad, dándole a todo el que se les ponía por delante, hasta cuando ya estaban controlados.
Dónde y cuándo
Esto no fue en la China, mi gente, sino aquí mismo, en la prisión de alta seguridad Canaleta, allá por Ciego de Ávila. Un lugar que ya de por sí tiene fama de ser de los más duros de la Isla.
Los problemas gordos empezaron el miércoles 18 de febrero, como a las tres de la tarde. Enseguida la noticia, o mejor dicho, el chisme, empezó a correr como pólvora hasta Madrid, donde Larrondo lo soltó el jueves 19 por NTN24.
Ahí, en ese ambiente pesado de barrotes y guardia, fue donde se desató la ira. Un aire de tensión que se podía cortar con un cuchillo, te lo juro.
Por qué importa
¿Y por qué esto nos importa a nosotros, que no estamos presos? Bueno, porque esto es un retrato al vivo de cómo se vive tras las rejas aquí.
No es solo que la gente muera, es cómo muere. Esas condiciones "inhumanas" que denuncia Larrondo, son para cualquier ser humano, sea quien sea, lo que sea que haya hecho.
Y ojo, que en Canaleta no hay solo “guapos”. También hay presos políticos y los que llaman “peligrosos predelictivos”, gente que está allí por si acaso, por "desafectos", como dicen. O sea, gente que no ha hecho nada, pero no gusta al gobierno.
Esto pone en el ojo del huracán otra vez el tema de los derechos humanos en Cuba. El mundo está mirando y preguntando, y esta vez el escándalo es grande.
Qué dicen las partes
Por un lado, Javier Larrondo y su gente de Prisoner Defenders, desde Madrid, claman al cielo. Hablan de ocho muertos confirmados, aunque al principio les llegó que eran diez.
Denuncian la represión brutal, el suicidio del joven y las condiciones infrahumanas. Dicen que tienen nombres, pero solo han podido verificar dos.
¿Y las autoridades cubanas? Pues como de costumbre, el silencio es la respuesta. Ni una palabra oficial, ni un comunicado, nada. Como si no hubiera pasado nada, ¿tú me entiendes?
Pero lo que sí se oyó fuerte fueron los gritos de los presos: "¡libertad!" y el nombre de Díaz-Canel, que retumbaron por los pasillos de la prisión.
Qué viene ahora
Ahora, mi socio, lo que viene es más de lo mismo, pero con más presión. La denuncia está hecha y el revuelo internacional no se va a calmar así como así.
Seguro saldrán más detalles, quizás los nombres de los fallecidos, o de los heridos. Y el foco seguirá en esas cárceles, que son un misterio y un dolor para muchos.
Veremos si el gobierno rompe el silencio o si siguen con la estrategia de hacerse los suecos. Pero una cosa es segura: este bochinche no ha terminado, y hay que estar al tanto.