¡En Cuba, comer es un deporte extremo! ¡El arroz te saca un ojo de la cara!

En Cuba, la vida diaria se ha vuelto una odisea: los precios de la comida y la higiene básica suben como la espuma, dejando el salario por el piso. Comer decente es un lujo inalcanzable.

Qué pasó

¡Ay, mi gente! Agárrense fuerte, que la cosa está que arde. Aquí en Cuba, salir a buscar la comida o un poquito de aseo se ha vuelto una misión imposible. Es como si el bolsillo se nos fuera encogiendo, y los precios, ¡ah, los precios!, esos sí que se estiran sin piedad.

Lo que antes era un gasto normal, ahora es una sangría. Una compra sencilla, sin lujos ni proteínas, te puede volar más de 4,000 pesos. ¿Y el salario? Bueno, el salario ya no alcanza ni para el arranque. Es una condena diaria que nos deja a todos con la boca abierta y el estómago vacío.

Dónde y cuándo

Esto no es cuento de camino, ni un bochinche de una esquina aislada. Esto está pasando ahora mismo, desde Pinar del Río hasta la punta de Maisí. Pero la foto que nos llega, la del susto mayor, es de Las Tunas, donde los precios te dejan frío.

Imagínense, un kilo de arroz a 900 pesos, los frijoles a mil, y el azúcar casi igual. ¿Y un tubito de pasta o un jabón? ¡Uff! También pican, y fuerte.

La vida cotidiana se convirtió en una calculadora donde los números nunca dan. Esta historia es de hoy, de este febrero de 2026, y se repite en cada rincón.

Por qué importa

Importa, y mucho, porque esto nos pega a todos. No es solo un número en el mercado; es que la gente está comiendo menos, y peor. Las dietas se han vuelto un chiste malo, sin carnes, sin frutas, solo lo que se pueda rascar con el poco dinero que entra.

El problema es serio. Lo básico para vivir ya no es un derecho; es una proeza. Si no hay comida ni para llenar la barriga, ¿qué futuro nos espera? La desigualdad crece como la yerba mala, y los que menos tienen, son los que más sufren este estrujón económico.

Qué dicen las partes

Por un lado, la gente de a pie, la que está en la cola, en la guagua, en el balcón, no deja de quejarse. Es el tema de cada día, la preocupación en cada casa. Dicen que no hay quien aguante, que la vida está imposible, que los pesos se esfuman como por arte de magia.

Por otro, el gobierno sigue con su discurso. Hablan de medidas, de soluciones, pero la realidad en la calle es otra. La libretica ya no da la talla, no alcanza ni para un respiro. Parece que las soluciones que proponen no llegan adonde tienen que llegar, y la gente sigue viendo cómo el modelo no da pie con bola.

Qué viene ahora

Ahora, mi gente, la cosa está en el aire. Si la producción agrícola no levanta cabeza y no aparecen los insumos, vamos a seguir dependiendo de lo que venga de afuera, y con la falta de divisas, ¡puf!, los precios seguirán bailando la conga hacia arriba.

Lo que hay que vigilar es si se encuentran maneras de que la comida llegue a la gente sin que le cueste un riñón. Porque mientras la brecha entre lo que vale la vida y lo que uno gana siga creciendo, el problema no es solo de economía; es de un sistema que no está funcionando para su gente.

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