¡El Vedado se lo tragó la tierra! ¿Dónde está mi gente?

El emblemático Vedado habanero parece fantasma: calles vacías, comercios cerrados y la gente buscando cómo resolver en medio del desbarajuste. La crisis pegó duro.

Qué pasó

Oye, esto pa’ que veas el relajo que hay en La Habana. Resulta que el Vedado, ese barrio que antes hervía de gente, de carros y de puro bochinche cubano, ahora parece que le hicieron un entierro. Dicen las malas lenguas, y no tan malas, que está más vacío que bolsillo de jubilado.

Las calles que antes eran un hervidero, como la Rampa o la 23, ahora están solitarias. El Habana Libre, el Coppelia… ¡todo muerto! Como si hubieran puesto un cartel de “cerrado por defunción” en todo el barrio. Ni turistas, ni nadie, mi gente.

Dónde y cuándo

Esto no es cuento, socio. Estamos hablando del mismísimo Vedado, aquí en La Habana, ahora mismo, en pleno febrero de 2026. Esas zonas que eran el centro de la fiesta y el correteo, desde la famosa Rampa hasta los hoteles que se creían la última Coca-Cola del desierto, están que dan grima de verlas.

Te juro que uno pasa por ahí y el silencio es tan grande que hasta da cosita. Ni un alma, ni un taxi, ni una guagua que se vea bien. Es como si el tiempo se hubiera parado o, peor aún, se hubiera ido de viaje y no avisó.

Por qué importa

¡Y esto no es chiste, eh! Esto importa porque al final, quien sufre es el cubano de a pie. Si no hay transporte, ¿cómo va la gente a trabajar o a buscar la comida? Los ómnibus llegan tarde, si es que llegan, y los taxis privados, bueno, esos están más perdidos que aguja en un pajar.

Y la basura, compadre, la basura se acumula por las esquinas y los mosquitos haciendo fiesta. Imagínate el desastre de salud, con las enfermedades dando vueltas. Esto es un golpe bajo para la vida de la gente, para la economía y para el mismísimo corazón de La Habana.

Qué dicen las partes

Bueno, la gente de la calle, que es la que vive esto a diario, se queja por los cuatro costados. Dicen que es un descaro lo de la gasolina, lo de la luz, lo de las comunicaciones que se caen a cada rato. La situación es de “sálvese quien pueda” y la queja no es poca.

Las autoridades, por su parte, reportan trabajos de construcción por aquí y por allá, como para disimular la desolación. Pero vamos a ser sinceros: esos trabajos no llenan las calles ni resuelven el problema del cubano que necesita moverse, comprar o, simplemente, vivir dignamente.

Qué viene ahora

La verdad es que el panorama no pinta bien, mi gente. Si la cosa sigue así, el Vedado va a terminar pareciendo un set de película de terror. La crisis del combustible y la electricidad sigue dando tumbos, el transporte cada vez peor y las comunicaciones, cuando funcionan, lo hacen con un hilo.

Hay que ver qué inventa la gente para salir adelante. Pero una cosa es segura: el chisme y el bochinche van a seguir corriendo por las calles de La Habana, aunque estén vacías. Y si no se resuelve, ¿quién sabe? Capaz y pronto nos toca contar la historia de cómo la capital se convirtió en un recuerdo.

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