¡Con la candela al cuello! El partido de hockey que terminó más caliente que caldera de tren viejo en Rhode Island

Un partido de hockey escolar en Rhode Island se volvió un infierno con un tiroteo, dejando dos muertos y tres heridos. ¡Tremendo bochinche!

Qué pasó

¡Ay, mi gente, agárrense fuerte! Lo que les voy a contar parece sacado de una película de terror, pero es la pura verdad, ocurrida en la tierra del tío Sam. Un partido de hockey de muchachos de escuela, de esos que son para gozar y echar porras, se convirtió en una pesadilla con más tiros que final de año en La Habana. El resultado, para que se lo coman sin miedo: dos personas terminaron bajo tierra y otras tres están luchando por la vida en el hospital. ¡Una tragedia que ni el más pintao se la esperaba!

Imagínense el revuelo, el corre corre. La policía llegó a la escena y ¿qué encontraron? Al que dicen que armó todo el relajo, tirado allí mismo. Dicen las malas lenguas, o más bien las buenas fuentes, que se dio el tiro él solito. ¡Un embrollo de los grandes, de esos que dejan a todo el mundo con la boca abierta y el corazón en la mano!

Dónde y cuándo

Esto no fue en un callejón oscuro, no. Fue en el estadio Dennis M. Lynch Arena, un lugar donde se supone que hay alegría y deporte. ¿Cuándo? Un lunes por la tarde, justo antes de que dieran las dos y media, cuando el sol estaba picando y la gente pensando en el almuerzo o la merienda. Sucedió en Pawtucket, un pueblo de Rhode Island, allá en los Estados Unidos.

Los muchachos de la cooperativa Coventry-Johnston estaban dándose golpes con los de la cooperativa St. Raphael-Providence Country Day-North Providence-North Smithfield. Quién iba a pensar que el sonido de los patines iba a ser reemplazado por los gritos y el miedo. Dicen que el ambiente se puso tenso de un segundo a otro, la gente no sabía ni para dónde correr.

Por qué importa

Miren, esta noticia no es solo un chisme de la esquina; es un golpe fuerte para todo el mundo. ¿Por qué? Porque cuando algo así pasa en un lugar de niños, un evento deportivo que es para la comunidad, se te arruga el corazón y piensas: "¿Y dónde estamos seguros?". Esto le cae arriba a las familias de las víctimas, a los amigos, a los maestros, a la comunidad entera.

Ahora la gente está hablando de cómo la violencia, sea por problemas de familia o lo que sea, termina metiéndose en lugares donde no tiene nada que buscar. Cambia la paz, cambia la confianza, y deja una herida que no cicatriza fácil. La verdad, es un trago amargo para el pueblo de Pawtucket y para cualquiera que tenga dos dedos de frente y un poco de humanidad en el pecho.

Qué dicen las partes

La jefa de la policía de Pawtucket, doña Tina Goncalves, salió a decir que esto no fue un accidente. Según ella, todo apunta a que fue intencional y que el lío podría ser por alguna bronca de familia. Eso sí, la investigación sigue abierta, no se han casado con ninguna versión todavía. Por ahora, los nombres de los afectados no los sueltan, por respeto a las familias que están en el medio del dolor.

Mientras tanto, los superintendentes de las escuelas, como el de Coventry, don Don Cowart, confirmaron que todos sus estudiantes estaban a salvo. Los centros educativos, como la Providence Country Day School y la Academia St. Raphael, mandaron sus comunicados diciendo que ninguno de sus alumnos ni empleados había salido herido, un alivio dentro de tanta desventura. El gobernador de Rhode Island, Dan McKee, también apareció, mandando sus condolencias y confirmando que hasta la policía estatal se tiró para allá a ayudar.

Qué viene ahora

Bueno, ¿y ahora qué? La pelota está en el tejado de la policía. Tienen que desenredar la madeja, juntar los cabos sueltos y ver qué pasó exactamente. Están hablando con testigos, revisando todo, para que la historia quede clara como el agua de coco.

Lo que sí está en el aire es el apoyo. Las autoridades y las escuelas ya se comprometieron a dar ayuda psicológica a todos los muchachos y familiares que quedaron con el susto en el cuerpo y el alma rota. Así que, a esperar que la justicia haga su trabajo y que esta comunidad pueda, poco a poco, levantar cabeza de este golpe tan duro. ¡Qué clase de relajo, mi madre!

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