¿¡Ay, Dios mío! ¿¡El Potomac se desbordó de 'agua sucia' y Trump mandó a la FEMA a tapar el desastre!?
El río Potomac sufrió un derrame masivo de aguas residuales. El presidente Trump declaró emergencia, movilizando a FEMA para la limpieza y contención, mientras la gente se pregunta qué pasará con el agua.
Qué pasó
Mira, mi gente, ¿ustedes saben el último chisme que tiene a Washington patas arriba? Pues resulta que el mismísimo presidente Donald Trump tuvo que soltar a la FEMA, esa agencia de emergencia que aparece cuando el desastre es de película.
¿Y por qué todo este alboroto? ¡Ay, papacito! Es que el pobre río Potomac, ese que cruza la capital, se le llenó de una cochinada tremenda: ¡aguas residuales hasta la bandera! Imagínense el papelón.
Dónde y cuándo
Esto no fue cuento de la abuela, no. Esto pasó el diecinueve de enero de este mismo año, el dos mil veintiséis. Y el lugar del crimen fue, ni más ni menos, que en el mismo corazón de Washington, DC.
¿Qué fue lo que explotó? Pues se echó a perder una tubería que se llama 'Potomac Interceptor', una cosa gorda como un tanque, de setenta y dos pulgadas. Y por ahí, ¡zas!, se fueron más de doscientos millones de galones de lo que usted y yo no queremos ni ver. ¡Una peste, seguro!
Por qué importa
Ahora, ¿por qué este bochinche nos tiene a todos con la boca abierta? Porque esto no es cualquier charquito de agua. Las autoridades locales han dicho que es una de las cosas más grandes que le ha pasado a la infraestructura de la zona en años. ¡Una vergüenza, caballero!
Esto nos recuerda que las cosas viejas se rompen, y cuando se rompen, nos caen arriba a todos. Aunque dicen que el agua de tomar está segura, a ver quién es el guapo que se mete ahora en el río. La gente está que trina, con razón, preguntándose cuándo van a arreglar este salpicón.
Qué dicen las partes
Entonces, ¿qué dicen los que saben y los que mandan? El gobierno de Trump, por supuesto, dice que ya mandó a los federales, o sea, a la FEMA, para poner orden. La EPA, que es la que mira el medio ambiente, ya estaba metida hasta el cuello viendo el desastre.
Dicen y repiten que el agua potable de la capital sigue fina, que no hay problema por ese lado. Pero ojo, que de nadar o de meter los pies en el Potomac, ¡ni pensarlo! Que hay que cuidarse de unas bacterias que andan sueltas, como la famosa E. coli. ¡A quién se le ocurre!
Qué viene ahora
¿Y ahora qué, Nipinga? Pues ahora toca esperar. Las autoridades están sudando la gota gorda para arreglar el tubo roto y para que el río vuelva a su estado normal. Están revisando el agua a diario, a ver si se quita el mal olor, digo, el problema.
Este chicharrón, además de la peste, ha puesto sobre la mesa el tema de la infraestructura vieja de la ciudad. ¡A ver si se ponen las pilas y arreglan todo de una vez! Hay que estar atentos, porque la cosa promete más capítulos de esta novela de 'agua y desesperación'.