¡Aeropuertos de Yuma con tremendo tranque! ¿Ahora ni con chanchullo se vuela rápido?
El cierre parcial del gobierno en Yuma tiene a los aeropuertos en un enredo. Se acabó la vía rápida, así que ¡prepárense para la cola y el bochorno!
¿Tú supiste lo último? ¡Se armó el zipizape en los aeropuertos de Yuma!
Imagínate la bronca, mi gente, que ni en la mejor novela cubana. Desde el 14 de febrero de 2026, el gobierno de los Estados Unidos está en un cierre parcial. Es como si alguien, de repente, le hubiera puesto el freno de mano a medio país, dejando un montón de cosas en el aire, sin saber si suben o si bajan.
Pero la cosa, que ya venía con su reguero, cogió más vuelo —o mejor dicho, más tranque— este domingo 22 de febrero. Ese día anunciaron un chasco de esos que te dejan con la boca abierta y la maleta en la mano, listo para un disgusto grande.
Resulta que suspendieron dos programas que eran la salvación para muchos viajeros, especialmente para los que no aguantan las colas: el famoso TSA PreCheck y el Global Entry. ¿Sabes lo que significa eso, mi socio? ¡Se acabó la colada, se acabaron los atajos, la vía rápida está cerrada a cal y canto!
Ahora, todo el mundo, desde el que viaja por gusto a ver a la familia, hasta el que va por negocio con el tiempo pegado, tendrá que fajarse en la cola regular. Olvídate de pasar como un rayo, ahora toca la procesión y el rosario.
¡La cosa es en todos los aeropuertos, desde el sol naciente hasta el que se oculta!
Esta medida, que tiene a medio mundo con los pelos de punta y a otros echando chispas, se hizo oficial este domingo 22 de febrero de 2026. Los encargados de dar la mala noticia fueron los del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que junto a la Transportation Security Administration (TSA) y la U.S. Customs and Border Protection (CBP), soltaron la bomba.
Así que, si planeabas volar, la situación es la misma en todos los aeropuertos y puntos de entrada de los Estados Unidos. Da igual si es Miami, Nueva York o Los Ángeles, el panorama es el mismo.
Imagínate el ambiente que se respira: filas que no acaban nunca, gente mirando el reloj con cara de pocos amigos y el calor subiendo por el entrecejo, ¡aunque sea invierno! Una verdadera calamidad para los que estaban acostumbrados a pasar como Pedro por su casa, sin un solo atraso.
Ahora, prepárate para los codazos y los empujones, porque el espacio VIP se fue de vacaciones sin fecha de regreso.
¿Y por qué esto es un bochorno? ¡Porque nos toca a todos, compadre!
Esto no es un simple chisme de lavadero ni un cuento de viejas, esto es algo serio que afecta el día a día. Importa porque millones de viajeros, los que antes volaban rápido como una flecha, ahora van a tener que armarse de una paciencia de santo para pasar por los controles de seguridad y migración.
Prepárense para unos retrasos que ni te cuento, sobre todo en los días de más movimiento, cuando los aeropuertos parecen una feria. Esto cambia la vida real de la gente, especialmente de quienes tienen que llegar a tiempo a una reunión importante, los que tienen una conexión apretada o los que simplemente no quieren pasarse la mitad del viaje esperando.
Es un golpe directo a la comodidad, a la eficiencia y, para qué negarlo, a la tranquilidad del viajero. Si esta situación se alarga, el disgusto va a ser mayor y las quejas van a llegar hasta el Capitolio. ¡El pueblo no se aguanta tanta desorganización!
Unos echan la culpa, otros se lavan las manos, ¡el chismoteo está que arde!
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, no se anduvo con rodeos. Declaró que las consecuencias de este cierre no son cuentos de camino ni números abstractos, sino que le caen encima directamente a los servicios y al personal especializado. Es decir, que los que trabajan allí también están sufriendo los cortes.
Por su parte, la gente de la TSA y la CBP se encogieron de hombros y dijeron que, sin chavos, sin el presupuesto aprobado, tienen que priorizar al pasajero de a pie y dejar los lujos a un lado. ¡Así de simple, sin dinero no hay paraíso!
Mientras tanto, los políticos de un lado y del otro, demócratas y republicanos, están fajados por el presupuesto, como perros y gatos. El problema principal es la pelea por las políticas migratorias y las estrategias de deportación. ¡Ahí está la raíz del problema, el hueso de la discordia que tiene a los aeropuertos patas arriba!
Los expertos en transporte y los legisladores ya están advirtiendo que, si esto de la falta de fondos sigue, el relajo puede ser mayor y afectar hasta las renovaciones de las membresías para estos programas y otras verificaciones de viaje. Es decir, que lo que es malo se puede poner peor.
Y las aerolíneas, ¡ay, las aerolíneas!, están con el grito al cielo, preocupadas por cómo esto va a afectar la agilidad de los aeropuertos y, sobre todo, el humor de los pasajeros. Parece que a nadie le gusta este sancocho que han montado, y con razón.
¿Y ahora qué hacemos? ¡A armarse de valor y planificar con tiempo!
Ahora, mi gente, la cosa es clara como el agua de coco: si tienes planes de volar, más te vale que llegues al aeropuerto con más tiempo que el de un reloj de torre. Revisa el estado de tu vuelo mil veces antes de salir de casa y mentalízate para unas filas que te pueden hacer sudar la gota gorda y hasta echar humo por las orejas. ¡La paciencia será tu mejor amiga, o tu peor enemiga!
Toca adaptarse a estos controles más lentos, porque mientras el cierre siga sin solución, la cosa no va a mejorar, y el apuro solo te traerá dolores de cabeza. La gente en Washington sigue sentada debatiendo, a ver si se ponen de acuerdo y sueltan la billetera de una vez por todas.
Pero hasta que no resuelvan el tranque político que tienen entre manos, cada viajero tendrá que planear su itinerario con lupa, mucha cautela y, sobre todo, una dosis extra de resignación. ¡Así es como está el panorama, y aquí Nipinga te lo cuenta sin pelos en la lengua, para que no te coja de sorpresa!