¡No hay quien suba ni baje! Los elevadores de Matanzas se tragaron la escalera
Los edificios de 13 plantas en Matanzas tienen sus elevadores rotos, dejando a vecinos atrapados. ¡Una locura que nadie resuelve!
¡Ay, qué desastre con los elevadores de Matanzas!
¡Prepárense, que esto es pa' sacarse los ojos! La gente de Matanzas, la que vive en esos edificios altos, de trece pisos, está que echa chispas. ¿La razón? Los elevadores, señores, ¡están más parados que estatua en el parque!
Para muchos, sobre todo los viejitos y los que tienen alguna dolencia, esto no es un chiste. Es un calvario diario que les tiene la vida de cabeza, un tremendo bochinche sin fin.
¿Dónde y cuándo se armó este relajo?
Esto no es problema de hoy. Estamos hablando de los edificios por la ruta de Varadero, esas moles de los años ochenta. De cuatro edificios por allí, ¡tres tienen los elevadores en huelga!
Algunos llevan años sin un viaje, otros viven de avería en avería. La gente ya ni se fía, viven con el corazón en la boca cada vez que intentan subir o bajar.
¿Y esto a quién le afecta, socio?
Afecta a todos, pero más a los delicados de salud. Una vecina con historia de cáncer, en un piso once, lleva semanas sin ver la calle. ¡Semana, socio!
Es un golpe bajo a la calidad de vida y a la libertad de moverse. No es solo comodidad, es la posibilidad de vivir. Y lo peor, nadie da una solución de verdad, de las que quitan el dolor de cabeza.
¿Qué dice la gente y qué dicen las oficinas?
Los vecinos claman a Vivienda, pero solo reciben "respuestas a medias", que no resuelven nada. El Dasiel, administrador de "El Polinesio", contó a 14yMedio del deterioro general: escaleras que se caen, basura, fachadas desprendidas.
Para colmo, en "El Polinesio" arrendaron el restaurante de la azotea. Su elevador, antes un comodín, ahora obliga a los residentes a cargar la mercancía del restaurante por su propio elevador, que ya no sirve. ¡Tremendo lío!
Esto no es nuevo: el edificio "Las Panaderías" pasó dos años sin elevador, y el nuevo sigue dando lata. Incluso los bomberos, al intervenir, rompen la puerta del cuarto de máquinas, dejando todo expuesto a vandalismo.
Entonces, ¿ahora qué hacemos?
Por ahora, el panorama no pinta bien. Hay gente bajando cosas de los balcones con sogas. Otros suben muebles o balitas de gas por escaleras peligrosas, jugándose el físico.
Entre la falta de piezas, los apagones y una administración con las manos atadas, la vida en esos edificios es una odisea diaria. No hay visos de solución rápida. La gente sigue esperando que alguien se digne a mirar y resolver este bochinche de una vez.