¡No es mentira! En Cuba la gente está suplicando AGUA hasta para el baño. ¡Palo y pa' la calle!
Una madre en Holguín lanzó un grito desesperado buscando agua para su abuela y su hijo, evidenciando una crisis nacional donde el líquido vital es un lujo.
Qué pasó
¡Prepárate, que esto es pa' quedarse boquiabierto! Imagínate que en pleno siglo XXI, una madre cubana, con el corazón en la mano, tuvo que salir a pedir por redes si alguien le vendía un "poquito de agua". ¿Para qué? ¿Para hacer un café? ¡No! Para poder bañar a su abuela y a su hijo.
Así como lo oyes. Un grito de auxilio que se hizo viral y que, mira tú, nos puso la cara de la realidad en la mesa. Parece que la gente está como el cangrejo, echando pa' atrás en esto de los servicios básicos.
Dónde y cuándo
Este drama, de esos que te dejan pensando, lo contó una señora desde Holguín, hace unos días. La publicación se regó como pólvora en internet.
Es la historia de una familia cualquiera, de esas que luchan día a día, en cualquier barrio de Cuba, donde el agua, que debería ser sagrada, es una misión casi imposible. Un reflejo de la tensión y la necesidad que se respira en el aire.
Por qué importa
¿Y por qué esto nos revuelve el estómago? Porque no es la primera vez ni la última. Que una gente tenga que suplicar por agua para la higiene básica, eso, mi socio, es un tiro en el medio del pecho.
Esto afecta la salud de los viejos, de los niños, y de cualquiera. Cuando no hay agua, ni la comida se puede preparar bien, y la casa se vuelve un almacén de cubos y pomos. Es un trago amargo que nos toca a todos, te toque o no te toque directamente.
Qué dicen las partes
Por ahí, la gente en el barrio comenta que la cosa está mala por el deterioro de las tuberías, por la falta de petróleo para las bombas y porque no aparecen las piezas ni por encargo.
Mientras tanto, los medios de afuera, como Reuters, la BBC o El País, llevan rato poniendo el dedo en la llaga, contando cómo está de grave la infraestructura y lo que sufren los cubanos con los apagones y la escasez de agua. La misma historia, pero con diferentes voces, y la calle lo sabe.
Qué viene ahora
Ahora, lo que se espera es más de lo mismo si no se mete mano de verdad. La gente seguirá con su inventiva, cargando cubos, pagando lo que sea por un tanque, o esperando la solidaridad de un vecino que le comparta un poquito.
La esperanza, por supuesto, es que esta historia sea un aldabonazo y que alguien arriba se dé cuenta de que el agua no es un capricho, ¡es vida! Mientras tanto, el ojo de Nipinga seguirá bien abierto.