¡El pueblo de Jovellanos le da una lección al ladrón de motorina!

En Jovellanos, Matanzas, un ladrón de motorina que amenazó a una mujer fue interceptado y retenido por vecinos justicieros. La comunidad, harta de la delincuencia, actuó rápido, recuperando el ciclomotor y entregando al malhechor a las autoridades.

Qué pasó

Oye esto pa’ que veas, que en Jovellanos, provincia de Matanzas, la cosa se puso caliente. Resulta que un vivo, conocido como Raidel Marcelino Valier, se le fue arriba a una pobre mujer para quitarle su motorina eléctrica, una Bucatti.

Y no fue con buenas palabras no, ¡que hasta con un cuchillo la amenazó! Menos mal que la dueña salió ilesa, pero la motorina se la llevó el atrevido. Lo que no esperaba este pillo es que el barrio, con el ojo avizor y la sangre hirviendo, se le tiró arriba.

Dónde y cuándo

Esto no fue en la capital ni en una película, mi gente. La bronca ocurrió hace unos días, en el mismísimo poblado de San Carlos, allá en Jovellanos.

Imagínate el ambiente: el susto de la señora, la motorina arrancando y de repente, ¡un reguero de gente atrás del ladrón! Dicen los que vieron, que el tipo no llegó muy lejos. A pocas cuadras, la comunidad entera le cayó encima, lo redujeron como se coge a un guanajo y lo tuvieron quieto hasta que llegó la policía. El calor, el bochinche, el sudor, todo se juntó en ese momento.

Por qué importa

¡Esto es un cuento de la vida real que a cualquiera le llega al alma! ¿Por qué? Porque estas motorinas, con la escasez de guaguas que tenemos, son como oro en polvo. Para muchos, es el pan de cada día, la forma de ir al trabajo, de resolver.

Entonces, que un tipo venga a robártela con mala fe, no es solo un robo, es un golpe bajo al sustento, a la poca tranquilidad que le queda a la gente. Y el pueblo, cansado de tanta fechoría y la vista gorda de “la autoridad”, pues ya está reaccionando por cuenta propia. ¡La calle se está empoderando!

Qué dicen las partes

Por ahora, la policía no ha dicho ni pío. Los vecinos, sin embargo, andan con la lengua afilada y dicen que este Raidel, el de la motorina, ya tiene su fama de pillo en la zona. Cuentan que tiene más antecedentes que un libro de historia, aunque oficialmente nadie lo ha confirmado.

La gente del barrio, con la indignación a flor de piel, dice que si no hay quien cuide, ellos mismos se van a encargar. Es la voz del pueblo cansado, que ya no aguanta más tanto descaro y tanta falta de seguridad.

Qué viene ahora

¿Y ahora qué? Pues la motorina ya está con su dueña, que es lo importante. Pero el tema de fondo sigue ahí, hirviendo. ¿Qué pasará con Raidel? ¿Lo van a encerrar o saldrá otra vez a la calle a hacer de las suyas?

Esto nos pone a pensar en la seguridad de los barrios, en cómo la gente, desesperada, se organiza para defender lo suyo. Y mientras la crisis aprieta, y las motorinas siguen siendo un tesoro, estas historias se van a seguir repitiendo. ¡A ver quién le pone el cascabel al gato, o mejor dicho, al ladrón!

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