¡Ay, Dios mío! ¿Se nos volaron los pájaros por un puñado de billetes?

La captura ilegal de aves silvestres se ha vuelto la peor plaga en Cuba, superando al clima. Es una "masacre" por billetes, vaciando el monte de sus cantos.

¡Qué pasó, mi gente!

Oigan esto, porque la cosa está que arde. Resulta que en nuestra querida Cuba, la captura ilegal de aves silvestres, esa costumbre que a veces parece de la abuela, se ha convertido en la peor de las plagas. ¡Sí, señores, peor que el mismísimo cambio climático para nuestros bichitos con plumas!

El biólogo Hiram González Alonso, un sabio de los que quedan pocos, levantó la voz. Y ojo, que el ministro del CITMA, Armando Rodríguez Batista, lo soltó en sus redes para que nadie se haga el de la vista gorda. Esto no es un cuento, ¡es la pura verdad que nos está dejando sin cantos en los montes!

¿Dónde y cuándo fue este enredo?

Esta "masacre", como la llama el experto, no es cosa de un día. La tragedia se viene cocinando en toda la isla. Imagínense que en solo cuatro años, del 2021 al 2025, la cantidad de lugares donde están haciendo este desmadre se duplicó. ¡Pasamos de 98 a casi 200 focos de problemas! Eso es como si de pronto, el doble de tus vecinos se pusieran a hacer bochinche, pero con los pájaros.

Esto está pasando ahora mismo, en el campo, en los pueblos. Los nidos de nuestras cotorras, tomeguines y hasta los negritos, están bajo ataque constante. Es una situación que duele en el alma, como si nos arrancaran un pedazo del cielo.

¿Y por qué nos tiene que importar este rollo?

Porque no estamos hablando de cuatro pajaritos, mi hermano. Estamos hablando del patrimonio natural de Cuba, de los colores y los sonidos que hacen de nuestra isla un paraíso. Esto afecta a nuestras especies endémicas, las que solo tenemos aquí, y a las que vienen de visita, las migratorias.

Pero el asunto tiene su pata económica también. Hay campesinos que, por la necesidad, están aceptando billetes, entre 25 mil y 30 mil pesos, por un pichón. ¡Imagínense el dilema! Entre el plato de comida y la vida de un pajarito, a veces la barriga gana. Pero el precio para la naturaleza es altísimo, con talas de árboles y destrucción de nidos. Es una encrucijada que nos pone a pensar.

¿Qué dice la gente de peso en este embrollo?

El biólogo González Alonso no se anda con chiquitas, él lo dijo clarito: "No hay grupo que pueda resistir esta masacre". Es decir, por mucha ley que tengamos, si no se cumple, nos quedamos sin nada. Y mira que en Cuba tenemos leyes de sobra: la Constitución, el Código Penal, la Ley 150... El problema no es la letra, es que se haga valer.

El ministro Rodríguez Batista reconoció que es un tema complicado, con su parte social y económica. Pero también se supo que a los científicos, a los que alzan la voz, los están amenazando. ¡Vaya, qué situación! Unos buscando salvar lo nuestro y otros poniéndoles el freno a base de miedo.

¿Y ahora, qué demonios va a pasar con todo esto?

Pues no todo está perdido, mi gente. Hay propuestas para salir de este atolladero. El biólogo sugirió potenciar el turismo de observación de aves, para que la gente gane dinero cuidando, no destruyendo. También se podría fomentar la cría legal en cautiverio de otras especies, como canarios y periquitos, para que no nos quedemos sin la alegría de tener un pájaro en casa, pero sin dañar el monte.

Además, se habla de darle duro a la educación ambiental, usar los medios para que la gente entienda. Y, lo más importante, habilitar canales para que cualquiera pueda denunciar sin miedo, y que la Aduana se ponga las pilas para bloquear el tráfico internacional de aves. Todo esto cuenta con el respaldo del CITMA y otras instituciones, que esperan ver frutos de aquí al 2030. A ver si entre todos salvamos el canto de Cuba.

Más noticias