¡Ay, el rubio de Cabaiguán! Se nos fue el “Agente Allam”, el que enredó la soga del exilio

Murió Enoel Salas Santos, conocido como el "Agente Allam", el infiltrado que por décadas puso de cabeza al exilio cubano. ¡Tremendo bochinche que armó!

Qué pasó

¡Oye esto pa’ que veas! Se nos fue de este mundo Enoel Salas Santos, más conocido como el "Agente Allam" o "el rubio de Cabaiguán". Este no era un vecino cualquiera; fue un infiltrado de la Seguridad del Estado cubana por décadas.

Se metió hasta la cocina en organizaciones del exilio, como la famosa Alpha 66. Desde adentro, sabotó y desarticuló planes de libertad. ¡Un trabajo de demolición que dejó a muchos con la boca abierta!

Dónde y cuándo

La noticia, que corre como pólvora, dice que este hombre rindió el alma en Placetas, Villa Clara. Se fue a sus 89 años, un 3 de febrero de 2026. ¡Tremendo final para una historia que dio tanto de qué hablar!

Su partida cierra un capítulo. El eco de sus acciones aún resuena, mientras la gente comenta en la cola, recordando los tiempos de zozobra que causó este personaje.

Por qué importa

¿Y por qué nos importa tanto este cuento? Fue clave en la estrategia del régimen para aplastar a los cubanos que luchaban por una Cuba sin cadenas. Su información desbarató operaciones e identificó líderes vitales.

Esto no es un chismecito cualquiera; es un recordatorio de las profundas heridas que dejó la traición. Grupos como Alpha 66 vivieron con la sombra constante de la infiltración, generando una desconfianza que mató más de un proyecto.

Qué dicen las partes

En el exilio, la memoria de Salas Santos es una espina. Lo recuerdan como el gran traidor, la sombra de un sistema que se metió en las entrañas de quienes buscaban un país diferente. Para muchos, su nombre es sinónimo de engaño.

Del otro lado, el régimen seguro lo consideraba un operativo exitoso, clave en su estrategia. Su trabajo fue eficaz para frustrar los esfuerzos de quienes buscaban un cambio. Unos lamentan su existencia, otros recuerdan su eficacia.

Qué viene ahora

Con la ida de Salas Santos, se cierra una página, pero la historia sigue. Su vida, la de su infiltración, nos deja una lección clarita: la lucha por la libertad es una carrera de obstáculos, donde la traición puede venir de cualquier lado.

Esta historia refuerza la necesidad de no bajar la guardia. La causa por la libertad y la democracia en Cuba sigue viva y fuerte. El pueblo cubano merece un país sin espías ni miedo, ¡pa' que todos puedan respirar!

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