¿Se Comió la Electricidad el Estado? ¡Vecino Resuelve y Periodista se Desahoga!

Experiodista cubano relata cómo solucionó un apagón de 42 horas con ayuda privada, criticando la inacción estatal.

¡Oye esto pa’ que veas!

Mira, el cuento es que un periodista de esos que antes escribían para el gobierno, L. Eduardo Domínguez, se fajó más de dos días sin corriente en su casa. El tipo, que ahora anda por ahí por su cuenta, contó en las redes cómo se las vio negras con un apagón que le tumbó la luz del apartamento por un problemita en la instalación del edificio. ¡Imagínate tú, 42 horas en tinieblas!

Y lo peor, según él, es que intentó llamar a la gente de la empresa eléctrica, usó hasta las vías que ellos mismos pusieron, pero nada de nada. Ni que le contestaran, ni que le dijeran cuándo iban a resolver. Al parecer, no era solo él el que estaba en esa, varios vecinos suyos estaban igual, pasándola mal y sin ver solución.

¿Y dónde y cuándo pasó este bochinche?

Esto ocurrió en la capital, en La Habana, con un apagón que se extendió por más de 42 horas. El apartamento del periodista quedó a oscuras por una avería técnica que afectó parte de la instalación eléctrica del edificio. Imagínate el calor, la incomodidad, todo un drama.

La tensión se sentía en el aire, no solo por el calor, sino por la impotencia de no poder resolver un problema tan básico como tener luz en casa. El ruido de los ventiladores apagados y el silencio de los electrodomésticos rotos debían ser insoportables.

¿Y esto por qué importa tanto?

Bueno, esto importa porque al final, la gente lo que quiere es que las cosas funcionen. Si tú pagas por un servicio, esperas que cuando algo falle, te lo resuelvan. El periodista lo que dice es que aprendieron a golpes que el Estado los dejó solos en esto. Es un reflejo de cómo andan las cosas con los servicios básicos en Cuba, donde a veces hay que buscarse la vida por fuera porque lo oficial no aparece.

Además, esto se suma a un montón de quejas que hay por ahí sobre cómo está la cosa con la salud, la falta de recursos, y cómo los apagones esos que no acaban de irse afectan la vida de todos en la casa. Es el día a día, ¿qué te digo?

¿Y qué dicen unos y otros?

Por un lado, está el periodista, que cuenta su experiencia y su frustración, diciendo que sintió que el Estado los abandonó. Por el otro, la empresa eléctrica, de la que no se sabe qué dice exactamente, pero se entiende que no dio respuesta rápida ni efectiva. La gente del edificio, seguro, estaba desesperada.

Según relató Domínguez, la luz volvió gracias a que un especialista de una empresa privada de esas de energía solar le dio una mano por teléfono, y un electricista ya jubilado del barrio se puso manos a la obra para arreglar el lío. Así que, por un lado, la inactividad de lo oficial y, por otro, la solidaridad y el ingenio de lo privado y lo comunitario.

¿Y ahora qué? ¿Qué viene después de este cuento?

Pues mira, lo que queda en el aire es la duda de cuántas veces más va a pasar esto. La cosa está tensa con el sistema eléctrico en todo el país, y los apagones son un tema candente. Lo que está claro es que la gente necesita soluciones reales y rápidas, no cuentos. Habrá que ver si esto sirve de algo, o si seguiremos apagados esperando la ayuda que no llega.

Hay que estar bien pendiente a ver cómo se resuelve esto a nivel general, porque no es un problema de un solo edificio ni de una sola persona. Es una situación que afecta a muchísima gente y que necesita una atención seria y eficiente por parte de quienes tienen la responsabilidad de que la luz no se vaya.