¿Y Brasil qué se inventó? El único que no quiso hablar de Nicaragua en la OEA
Brasil se opuso a discutir la crisis nicaragüense en la OEA, mientras otros países pedían acción firme ante el régimen de Ortega.
¡Oye esto pa' que veas! Lo que pasó en la OEA
¡Imagínate tú! En la Organización de los Estados Americanos (OEA), donde se supone que todos se ponen de acuerdo, Brasil se paró y dijo "no". Fue el único país que no quiso ni oír hablar de convocar una reunión para meterle el ojo a Nicaragua y sus elecciones, que ya el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo se las quitó de encima de forma definitiva.
La propuesta, que venía con fuerza desde Estados Unidos y con el apoyo de Argentina, Costa Rica, Panamá y Paraguay, era clara: ¡hablar de lo que estaba pasando! El resto de los miembros del Consejo Permanente de la OEA le dieron el sí, pero Brasil, con su gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, soltó que era "prematuro" meterse en eso ahora.
¿Dónde y cuándo se armó este lío?
Esto pasó en la OEA, una organización donde se supone que los países americanos se dan la mano y se apoyan. El momento fue clave, justo cuando Nicaragua estaba mostrando al mundo que las elecciones ya no serían cosa seria. El ambiente, aunque sea una reunión diplomática, se sentía con esa tensión de cuando hay desacuerdos fuertes.
Los que estaban allí, representando a cada país, debatían sobre cómo responder a las acciones del régimen de Ortega. La propuesta de Estados Unidos era firme, pero la negativa de Brasil creó un ambiente de división en la sala.
¿Y por qué esto importa, mi gente?
¡Porque esto cambia todo! Si la OEA no se pone de acuerdo para hablar de democracia y derechos humanos, ¿quién lo va a hacer? El gobierno de Lula en Brasil dice que la cosa en Nicaragua es política y de derechos humanos, pero que llamar a eso una amenaza regional era mucho. Argumentan que meterle más presión diplomática puede dañar el diálogo.
Por otro lado, Estados Unidos, a través de Michael Kozak, un tipo del Departamento de Estado, insistía en que el gobierno de Ortega se ha pasado de la raya: encarcelando, exiliando y persiguiendo a la gente, quitándole libertades y provocando que muchos nicaragüenses tiren la toalla y se vayan.
¿Qué dicen las partes involucradas?
Los que apoyaban la reunión, como Estados Unidos y Paraguay, decían que la OEA no puede quedarse callada mientras la democracia se desmorona y los derechos humanos se pisotean en Nicaragua. Paraguay, de hecho, recalcó que el problema ya no es solo de Nicaragua, sino de toda la región.
Hasta invitaron a Juan Sebastián Chamorro, un opositor nicaragüense que lo metieron preso y luego lo botaron del país, y a Rosa María Payá, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Payá soltó la sopa sobre las detenciones arbitrarias, la persecución y la represión, diciendo que en Nicaragua la gente vive sin poder ejercer sus derechos.
¿Y ahora qué viene? ¿Qué se espera?
Bueno, la reunión de cancilleres se va a hacer, eso está claro, pero la fecha todavía no se sabe. Lo que sí está en el aire es la estrategia de la OEA para responder a las últimas movidas del gobierno nicaragüense. La posición de Brasil, tan distinta a la del resto, muestra que Washington y la mayoría del continente no van por el mismo camino con este asunto.
Habrá que ver si esta división interna en la OEA afecta la forma en que se maneja la crisis nicaragüense. Por ahora, la pelota está en el tejado y cada quien parece tener su propia idea de cómo patearla.