¡Tremendo Papelón! La Doctora de la Bata Blanca se Vuelve Comandante de Repudio
Una funcionaria de salud, Rafaela Castro, está en el ojo del huracán por usar su bata blanca para liderar actos de repudio, desvirtuando su profesión en Cuba.
Qué pasó
¡Oye esto pa’ que veas! Resulta que a Rafaela Castro Rondón, que la pintaban como una santa, una heroína de la patria con su bata blanca y todo, ahora la están viendo en tremendo bochinche. La historia es otra, mi gente, y no precisamente de hospital.
No la pillaron salvando vidas, sino dirigiendo un acto de repudio. Sí, un papelón de los grandes, de esos que hacen que uno se quede con la boca abierta. Usó su uniforme, su autoridad, para liderar insultos. ¡Vaya forma de honrar la profesión!
Dónde y cuándo
Esto no fue en un quirófano, ni en un consultorio. Esta señora apareció en plena calle, con la bata blanca puesta y dando órdenes como si fuera la capitana de un batallón. Fue durante un recorrido del Encargado de Negocios de Estados Unidos, Mike Hammer, que andaba por ahí escuchando a la gente, sin meterse con nadie.
Sucedió en los últimos días de enero de 2026. Era una movida planificada, no fue algo que se le ocurrió de repente. Estaban las brigadas de respuesta rápida, los del Partido y todo el mundo organizado para armar el escándalo y asustar al diplomático.
Por qué importa
¡Y esto no es chiste! ¿Por qué importa? Porque esta señora es una funcionaria de salud, mi alma. Usar la bata blanca, que es un símbolo de respeto y de ayudar, para gritarle a un visitante, eso no tiene nombre. Es como si el médico que te va a curar, de repente, se pusiera a echarte bronca por cómo piensas. ¡Ahí la ética médica se fue de vacaciones!
Mientras a ella la aplauden por estas cosas, ¿tú te crees que el pueblo está feliz? ¡Qué va! La gente está con el apagón, la escasez, y si hablas de más, te caen arriba. Esto demuestra que usan a la gente y a las instituciones para meter miedo y control, no para arreglar la vida de nadie. Es una doble moral que apesta.
Qué dicen las partes
Por un lado, la prensa oficial y los comunicados del estado la ponen como una mártir, una defensora de la patria, llena de "solidaridad" y "dignidad". Dicen que es un ejemplo de mujer cubana, una Amalia Simoni de estos tiempos. ¡Imagínate tú, qué fantasía!
Pero por el otro lado, la gente de a pie y los que vieron el show, lo que ven es una instrumentalización de una profesión noble como la medicina para fines políticos. Ven una traición al juramento hipocrático, donde la intimidación le ganó al respeto a los derechos.
Qué viene ahora
Bueno, ahora lo que viene es que la historia la va a recordar por esto, no precisamente por curar a nadie. El sistema seguirá usando estas tácticas para apretar a quien sea que se mueva mucho o hable demasiado. Es su forma de mantener el control, sin sudar mucho.
Hay que ver si la comunidad internacional le mete el ojo a estas “acciones de repudio” que, en verdad, son una forma de violencia organizada. Esto no termina aquí; es un capítulo más en este drama tropical de la libertad de expresión, y veremos cómo sigue este cuento.