¡Tremendo Frío! ¿Chocolate Caliente Pa’ La Calle en Santiago de Cuba?
Con un frío que pela en Santiago, un grupo de voluntarios salió a la calle a repartir abrigos y chocolate. ¡Un gesto que calentó el alma a más de uno sin techo!
Qué Pasó
Oye esto pa’ que veas, porque en Santiago de Cuba, que uno no se espera esos fríos de Siberia, la gente se quedó pasmada con una bajada de temperatura que de verdad picaba el hueso. Imagínate, un frío que cala hasta los tuétanos en una ciudad que vive a golpe de sol.
Pero, ¡ahí es donde viene el chisme bueno! En medio de esa pelazón, un grupo de valientes, gente de la comunidad católica Sant’Egido, se armó de valor y salió a las calles. ¿Con qué? ¡Con abrigos, mantas y hasta chocolate caliente! Se dedicaron a buscar a los que no tienen dónde caerse muertos, esos que duermen bajo el cielo raso.
Dónde y Cuándo
Esto ocurrió en Santiago de Cuba, la ciudad del calor, pero que esa noche del 3 de febrero de 2026 parecía más bien el Polo Norte. El termómetro bajó que daba miedo, y la gente que no tiene un techo, pues imagínate, la pasaba peor que un gallo sin plumas.
Los voluntarios, con Alberto Arego haciendo el cuento en las redes, se dieron un tremendo recorrido. Anduvieron por cuanta calle, portal y terminal encontraron, buscando esas caras de cansancio y frío. Era como si quisieran abrazar la ciudad entera con un poquito de calor humano y una taza humeante.
Por Qué Importa
Y tú dirás, ¿por qué es tan tremenda esta noticia? Pues mira, es que en esta vida a veces uno se olvida de los que menos tienen. Con tanto ajetreo, la gente sin techo se vuelve como parte del paisaje, invisible.
Pero esta vez no. Esta iniciativa le puso el foco encima a esa gente. Demostró que no es solo dar un abrigo, es decir: 'Oye, tú existes, y nos importas'. Es un recordatorio de que la humanidad, la buena, no está perdida del todo, y que un plato de chocolate caliente puede ser un abrazo para el alma.
Qué Dicen Las Partes
Los voluntarios, con la gente de Sant’Egido al frente, contaban que el frío los hizo pensar en cómo la pasaban los más desvalidos. Dijeron que no era solo calentar el cuerpo, sino también el espíritu, haciendo sentir a esas personas que no están solas.
Y la respuesta de la calle, ¡ay, esa fue la mejor! Unos con la voz entrecortada, otros con una sonrisa que no les cabía en la cara, decían: 'Gracias a Dios por no olvidarse de nosotros'. Esas palabras valen más que cualquier cosa, ¿no crees? Es el agradecimiento puro del que recibe una mano cuando más lo necesita.
Qué Viene Ahora
Ahora, después de este relajo bonito, lo que se espera es que la gente se contagie. Que otros vean el ejemplo de Sant’Egido y Alberto Arego y digan: '¡Coño, yo también puedo hacer algo!'
La solidaridad es una cadena, y si un eslabón se mueve, los demás lo pueden seguir. Ojalá y esto sea solo el principio, que la gente no se olvide que, aunque el frío se vaya, la necesidad de una mano amiga siempre está por ahí rondando.